Un móvil con una larga melena pelirroja, apoyado sobre una roca en el mar, como una sirena

Este artículo es un extracto de la guíaShortform sobre «The Sirens' Call», de Chris Hayes. Shortform los mejores resúmenes y análisis del mundo sobre los libros que deberías leer.

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¿Te cuesta mantener la concentración? ¿Qué medidas puedes tomar para resistirte a la economía de la atención?

En *The Sirens’ Call*, el presentador de MSNBC Chris Hayes desentraña los mecanismos de una economía diseñada para acaparar nuestra atención. Revela cómo nuestra atención se ha convertido en una mercancía que las plataformas mediáticas y los anunciantes se apropian y controlan en beneficio propio.

Sigue leyendo para conocer una reseña del libro, junto con consejos sobre cómo recuperar el control de tu vida mental.

Resumen de «La llamada de las sirenas»

En The Sirens’ Call (2025), el presentador de MSNBC Chris Hayes sostiene que la atención se ha convertido en el recurso más valioso y disputado del mundo. A diferencia de épocas anteriores, en las que los materiales físicos o incluso la información tenían el principal valor económico, ahora vivimos en una «economía de la atención» en la que nuestra concentración mental se ha convertido en una mercancía que las empresas poderosas extraen y monetizan de forma sistemática. Empresas tecnológicas como Facebook y TikTok, medios de comunicación, anunciantes y políticos han desarrollado técnicas sofisticadas para captar nuestra atención involuntaria —una respuesta automática que no podemos controlar conscientemente— y convertirla en beneficios y poder. 

Hayes sostiene que la mercantilización de la atención representa una transformación fundamental de la conciencia humana, similar a cómo el capitalismo industrial mercantilizó el trabajo físico, con consecuencias igualmente profundas para la autonomía y el bienestar social. El problema que identifica Hayes va mucho más allá de la simple distracción o la adicción a las pantallas. Cuando nuestra atención está controlada por otros en lugar de ser dirigida por nosotros mismos, perdemos nuestra capacidad para el pensamiento profundo, las relaciones significativas y la participación democrática. 

Hayes se basa en su experiencia en los canales de noticias por cable, donde ha sido testigo de primera mano de cómo la competencia por la audiencia degrada los estándares periodísticos y el discurso público. Nuestra guía explora las ideas de Hayes en tres secciones principales: en primer lugar, definimos qué es la atención como recurso psicológico y económico. En segundo lugar, examinamos cómo la economía de la atención remodela diferentes sectores de la sociedad y fragmenta el discurso público. Por último, analizamos las soluciones propuestas por Hayes a nivel personal, colectivo y sistémico y, al mismo tiempo, exploramos cuestiones como cómo el comportamiento de búsqueda de atención moldea nuestras identidades y si es realmente posible regular la economía de la atención. 

¿Qué es la atención? ¿Por qué se ha convertido en nuestro recurso más escaso?

En cada momento del día, estás prestando atención a algo. Ya sea leyendo un libro, escuchando música, manteniendo una conversación o simplemente ensoñándote, tu mente dirige constantemente tu atención hacia información concreta, al tiempo que descarta todo lo demás. Hayes sostiene que la atención noes simplemente algo que hacemos: es la esencia fundamental de nuestra experiencia consciente. Sin atención, no habría conciencia, ni pensamiento, ni percepción del mundo que nos rodea.

Esta capacidad mental funciona a través de dos mecanismos: el voluntario y el involuntario. La atención voluntaria es la concentración consciente e intencionada de nuestra mente en una tarea u objeto concreto. Cuando te concentras deliberadamente en la lectura mientras ignoras el ruido de fondo, estás ejerciendo la atención voluntaria. Este tipo de concentración requiere esfuerzo y control cognitivo, ya que tienes que suprimir activamente las distracciones y mantener la concentración en el objetivo elegido.

La atención involuntaria, por el contrario, funciona de forma automática y no se puede controlar conscientemente. Cuando se produce un estruendo cerca, la atención se dirige inmediatamente hacia el sonido, independientemente de nuestras intenciones. Hayes explica que esta respuesta involuntaria se desarrolló como un mecanismo de supervivencia: nuestros antepasados necesitaban detectar rápidamente posibles amenazas u oportunidades en su entorno. Los destellos intensos, los movimientos bruscos, los sonidos inesperados y los peligros percibidos desencadenan cambios involuntarios en la atención que eluden por completo nuestra voluntad consciente.

La interacción entre estos dos sistemas permite a los seres humanos equilibrar la concentración en una tarea concreta con la percepción de los cambios importantes que se producen a nuestro alrededor. Esta movilidad de la atención—nuestra capacidad para cambiar rápidamente el foco de atención entre diferentes estímulos y procesos mentales— resultó crucial para la supervivencia de nuestros antepasados y sigue siendo esencial para desenvolvernos en los complejos entornos actuales. Nos permite interactuar con información relevante sin perder de vista lo que nos rodea, como leer una noticia en el móvil mientras caminamos por la calle. Sin embargo, esta misma movilidad te hace vulnerable a la explotación por parte de fuerzas diseñadas para captar tu atención y convertirla en un recurso explotable.

La atención se ha convertido en un recurso explotable

Hayes establece un paralelismo directo entre la atención y otros recursos que se han mercantilizado a lo largo de la historia. Al igual que el capitalismo industrial transformó el trabajo humano en una mercancía que podía comprarse, venderse y explotarse, la era digital ha transformado la atención humana en un recurso explotable. Explica que la atención, al igual que el trabajo, representa algo íntimo y esencial para la experiencia humana que puede separarse de la persona y convertirse en valor económico.

El proceso de captación de la atención funciona actuando sobre nuestros mecanismos de atención involuntarios. Las plataformas tecnológicas y las empresas de medios de comunicación han aprendido a desencadenar las respuestas automáticas que evolucionaron para detectar amenazas y oportunidades, y a hacer que estas respuestas sirvan a fines comerciales en lugar de a la supervivencia. Una notificación push crea la misma urgencia neurológica que el gruñido de un depredador. El desplazamiento infinito de contenidos imita las recompensas impredecibles que mantenían a nuestros antepasados buscando comida. Los colores vivos, los cambios rápidos de escena y los contenidos basados en el conflicto explotan los sistemas de atención involuntaria que en su día ayudaron a los seres humanos a sobrevivir en entornos peligrosos.

Hayes explica que la captación de nuestra atención involuntaria se produce a nivel neurológico antes de que nuestra mente consciente pueda intervenir. Un anuncio parpadeante o una alerta de noticias de última hora capta nuestra atención y, para cuando nos damos cuenta de que nos hemos distraído, nuestra atención ya se ha desviado de las actividades que habíamos elegido hacia contenidos destinados a generar beneficios. Esto difiere fundamentalmente del consumo tradicional de medios de comunicación. Cuando decides comprar un periódico o ir al cine, eliges dedicar tu atención a cambio de información o entretenimiento. Hayes sostiene que la extracción de la atención moderna opera a través de la compulsión más que de la elección, utilizando la manipulación psicológica para captar tu atención en contra de tu voluntad.

El surgimiento de la economía de la atención

La transformación de la atención en un recurso explotable ha dado lugar a lo que Hayes denomina la«economía de la atención», en la que la concentración humana es el bien más importante. A medida que las tecnologías digitales han hecho que la información sea infinitamente abundante y accesible al instante, esta ha dejado de ser el recurso más escaso y valioso. A diferencia de la información, que puede copiarse infinitamente, la atención no puede fabricarse ni duplicarse. Cada persona dispone de una cantidad limitada, y cuando una entidad capta esa atención, esta deja de estar disponible para los demás. Las empresas tecnológicas compiten por esas horas limitadas porque controlar la atención les da el control del bien más valioso en un mundo rico en información.

Las empresas utilizan un modelo de negocio sencillo para obtener beneficios al captar y retener la atención de las personas: las plataformas ofrecen contenidos o servicios gratuitos para atraer a los usuarios y, a continuación, venden el acceso a la atención de esos usuarios a los anunciantes. Cuanto más atractiva es la plataforma, más tiempo permanecen los usuarios en ella y más valiosa se vuelve su atención. Esto crea incentivos para que las plataformas maximicen el tiempo que pasas en ellas. Las plataformas de redes sociales han perfeccionado este modelo con algoritmos que analizan miles de millones de datos sobre tu comportamiento —en qué haces clic, cuánto tiempo te quedas, cuándo te desplazas— para identificar y ofrecer contenido diseñado específicamente para explotar tus desencadenantes particulares, ya sean la ira política, la comparación social, el miedo o la curiosidad.

Hayes sostiene que la aparición de la economía de la atención tiene implicaciones que van más allá de la simple distracción individual. Cuando las instituciones más poderosas de la sociedad —empresas tecnológicas valoradas en billones de dólares— tienen modelos de negocio que dependen de la fragmentación de la atención humana, los recursos cognitivos necesarios para la democracia, la educación, las relaciones y el pensamiento a largo plazo se ven sometidos a un ataque sistemático. Afirma que la economía de la atención no se limita a competir con otras actividades económicas, sino que socava los cimientos mentales que hacen posible otras formas de desarrollo humano.

¿Cómo está transformando la economía de la atención a la sociedad?

En esta sección, analizaremos más a fondo cómo se han reflejado estos cambios en los medios de comunicación que consumimos, en el diálogo político en el que participamos, en la validación social que buscamos y en la fragmentación resultante de nuestro discurso público.

Los medios de comunicación compiten por nuestra limitada atención

La conversión de la atención en una mercancía ha alterado el funcionamiento de los medios de comunicación. Hayes explica, basándose en su experiencia en MSNBC, que la competencia por captar la atención degrada el discurso público, ya que los medios abandonan su función tradicional de informar a los ciudadanos en favor de captar la atención del público. Todos los programas de noticias por cable reciben datos de audiencia minuto a minuto, lo que genera una intensa presión sobre los presentadores y productores. Hayes describe cómo, cuando un segmento tiene buenos resultados, la euforia de la validación fomenta la producción de más contenido similar. Cuando bajan los índices de audiencia, el miedo al fracaso lleva a tomar decisiones de programación cada vez más sensacionalistas. 

Hayes explica que la competencia por captar la atención del público ha llevado a la adopción de mecanismos propios de las máquinas tragaperras en las plataformas de noticias y entretenimiento. Los productores de televisión recurren a cambios rápidos de escena, gráficos intermitentes y música trepidante para captar nuestra atención de forma involuntaria. Las alertas de noticias de última hora se multiplican, incluso para noticias de menor importancia, ya que la novedad capta la atención con mayor eficacia que la relevancia. Las redes sociales emplean diseños de desplazamiento infinito que eliminan los puntos de parada naturales, lo que mantiene a los usuarios enganchados a través de la necesidad compulsiva de buscar contenido nuevo.

Los medios de comunicación también han aprendido a utilizar la interrupción y la novedad como estrategias para captar la atención. Las notificaciones push crean una urgencia artificial en torno a las actualizaciones rutinarias de noticias, los vídeos de reproducción automática asaltan los sistemas de atención involuntaria de los usuarios y los titulares sensacionalistas prometen una recompensa informativa que el contenido real rara vez ofrece. El resultado es un panorama mediático en el que la capacidad de captar la atención importa más que la verdad, la importancia o el bien público. Las noticias que generan fuertes reacciones emocionales —en particular, indignación, miedo o identificación tribal— reciben una cobertura desproporcionada. Mientras tanto, los temas complejos, como el cambio climático o los detalles de las políticas, tienen dificultades para competir con contenidos más estimulantes de forma inmediata.

Los políticos adaptan su comunicación para captar la máxima atención

La comunicación política se ha reestructurado en torno a los mecanismos para captar la atención, y Hayes señala a Donald Trump como el ejemplo paradigmático de esta transformación. La estrategia de comunicación de Trump se aprovecha de la asimetría fundamental que existe entre captar la atención y mantenerla. Captar la atención es relativamente fácil: cualquier declaración estridente, impactante o novedosa puede acaparar la atención durante unos instantes. Mantenerla, en cambio, requiere una implicación sostenida con ideas complejas, lo cual resulta mucho más difícil en un entorno mediático fragmentado. Trump ha dominado el arte de generar un flujo constante de momentos que captan la atención sin necesidad de mantener el interés de la audiencia el tiempo suficiente como para que esta analice sus declaraciones en detalle.

Hayes sostiene que el éxito de Trump con este enfoque ha normalizado el comportamiento de búsqueda de atención en todo el espectro político. Afirma que los políticos compiten ahora por generar momentos virales, frases impactantes y participación en las redes sociales, en lugar de propuestas políticas sustantivas, ya que la atención se ha convertido en la moneda de cambio del poder político. Los políticos que captan más atención pública reciben mayor cobertura mediática, atraen más donaciones para sus campañas y ganan más influencia sobre el discurso público. En la economía de la atención, la comunicación política exitosa prioriza la simplicidad, la intensidad emocional y la identificación tribal por encima de los matices, las pruebas o la deliberación, ya que son más eficaces a la hora de captar la atención.

Los debates Lincoln-Douglas sirven a Hayes como contraejemplo para ilustrar cómo se ha degradado el discurso político. En 1858, Abraham Lincoln y Stephen A. Douglas celebraron debates públicos de tres horas de duración en los que se plantearon argumentos complejos y matizados sobre la esclavitud, que exigían una atención constante por parte de un público que se contaba por miles. Sus discursos partían de la base de que los ciudadanos eran capaces de seguir argumentos extensos y sopesar pruebas contradictorias. 

Por el contrario, los debates políticos actuales se diseñan teniendo en cuenta la falta de atención del público. Las preguntas saltan de un tema a otro, los candidatos disponen de dos minutos para responder y el éxito se mide por los momentos memorables más que por el fondo. El formato parte de la base de que el público no tiene la capacidad de concentración necesaria para una deliberación seria.

La gente se esfuerza por llamar la atención de los demás

La economía de la atención también empuja a la gente corriente a competir por la atención de desconocidos. Las redes sociales ofrecen a todo el mundo acceso a una respuesta inmediata a través de «me gusta», compartidos, comentarios y visualizaciones. Hayes explica que, a medida que evaluamos nuestro éxito a la hora de generar atención y nos volvemos adictos a la validación externa, ajustamos lo que publicamos: dado que el contenido provocativo genera más interacción, adoptamos posturas cada vez más extremas o compartimos más información personal para mantener el interés de nuestra audiencia. Dado que el conflicto y la controversia captan más atención que la cooperación, buscamos la confrontación en lugar de buscar el entendimiento.

Hayes también sostiene que la economía de la atención se aprovecha de nuestra necesidad fundamental de reconocimiento social. Quedamos atrapados en la búsqueda constante de la aprobación de desconocidos que nos dan «me gusta» y nos siguen, pero que no nos ofrecen una conexión humana genuina. Nos alejamos de nuestro yo auténtico porque aprendemos a proyectar versiones de nuestra identidad optimizadas para captar la atención, en lugar de buscar la realización personal o una conexión genuina, lo que nos deja con una sensación de fragmentación psicológica e insatisfacción.

El resultado: un discurso público fragmentado

El efecto acumulativo de estos cambios —los medios de comunicación compitiendo por los clics, los políticos buscando momentos virales y las personas en busca de reconocimiento en línea— ha sido la fragmentación del discurso público. Hayes sostiene que ahora es casi imposible lograr una atención compartida. Mientras que las generaciones anteriores veían las mismas tres cadenas de televisión o leían el mismo periódico, la personalización algorítmica ha creado burbujas de información individualizadas. Con nuestra atención colectiva dividida entre innumerables fuentes y plataformas que compiten entre sí (y nuestra capacidad de atención individual reducida por la exposición constante a cambios rápidos de contenido), nuestro enfoque colectivo oscila constantemente entre la crisis y la distracción. 

El resultado es un discurso público que antepone lo urgente a lo importante, lo sencillo a lo complejo y lo emocionalmente satisfactorio a lo objetivamente veraz. Los problemas complejos que requieren un compromiso público sostenido, como el cambio climático, son los que más sufren esta fragmentación. A diferencia de un vídeo viral o un escándalo político, el cambio climático carece de los estímulos sensoriales inmediatos que captan la atención involuntaria en nuestro entorno mediático actual. Hayes sostiene que esto representa no solo un problema de comunicación, sino una crisis de la gobernanza democrática: las instituciones democráticas diseñadas para la toma de decisiones deliberativa no pueden funcionar eficazmente cuando los ciudadanos carecen de los recursos de atención necesarios para una participación informada.

¿Cómo podemos recuperar nuestra atención?

Hayes explica que podemos actuar, tanto a nivel individual como colectivo, para oponernos a la economía de la atención y exigir un camino más saludable hacia el futuro.

Resistir a la economía de la atención a nivel personal

Hayes reconoce que la resistencia individual a la economía de la atención se enfrenta a enormes retos, pero sostiene que las estrategias personales siguen siendo necesarias y potencialmente eficaces. La economía de la atención está diseñada por equipos de ingenieros y psicólogos que utilizan miles de millones de dólares y tecnología sofisticada para explotar la psicología humana. La fuerza de voluntad individual por sí sola no puede superar de forma sistemática esa manipulación sistemática. Pero la acción individual, aunque no puede resolver un problema sistémico, puede ayudarte a reducir el daño a medida que se producen cambios más amplios, y te ofrece una forma de modelar enfoques más reflexivos que otros puedan seguir.

La estrategia personal más radical que propone Hayes es renunciar a los teléfonos inteligentes en favor de los «teléfonos básicos», que permiten realizar llamadas y enviar mensajes de texto, pero no pueden acceder a Internet ni ejecutar aplicaciones. Hayes sostiene que los teléfonos inteligentes se han convertido en un elemento tan fundamental del modelo de negocio de la economía de la atención que renunciar a ellos representa una forma de resistencia económica, además de una medida de protección personal. Para aquellos que no quieren o no pueden abandonar los teléfonos inteligentes, Hayes sugiere establecer límites estrictos en torno a la interacción digital: desactivar todas las notificaciones no esenciales, utilizar bloqueadores de sitios web y aplicaciones durante los periodos de trabajo concentrado, y crear zonas libres de teléfonos para eliminar de la vida cotidiana tantos desencadenantes involuntarios de la atención como sea posible.

Hayes también recomienda consumir contenidos multimedia a través de formatos que se resistan a las técnicas de captación de la atención. Leer periódicos y libros en papel te ayuda a interactuar con contenidos diseñados para mantener la atención de forma prolongada, y escuchar podcasts de larga duración o ver documentales ejercita las capacidades cognitivas necesarias para una concentración profunda. Optar por medios de comunicación basados en suscripciones en lugar de plataformas financiadas por la publicidad reduce la exposición a contenidos optimizados para captar la atención, diseñados principalmente para atraer la mirada de los anunciantes.

Quizás lo más importante es que Hayes hace hincapié en desarrollar la conciencia de hacia dónde se dirige nuestra atención, si esa distribución beneficia a nuestros intereses y qué nos estamos perdiendo mientras nos centramos en los contenidos digitales. Explica que la práctica de la meditación, aunque no sea explícitamente política, puede convertirse en una forma de resistencia al reforzar nuestra capacidad para ejercer la atención voluntaria y reducir nuestra susceptibilidad a que nos capten la atención involuntaria.

Actúa a nivel colectivo

Las estrategias de resistencia individuales, aunque valiosas, no pueden hacer frente a las fuerzas estructurales que impulsan la extracción de la atención en toda la sociedad. Hayes sostiene que un cambio significativo requiere una acción colectiva para crear sistemas alternativos y promover cambios sociales más amplios que den prioridad a la atención y el bienestar humanos frente a los beneficios empresariales. Explica que grupos de «resistencia a la atención», como Friends of Attention, están empezando a organizarse para exigir límites a la extracción de la atención, medidas de protección de la seguridad cognitiva y el derecho a la privacidad mental. 

Hayes también señala el potencial que tienen las empresas de obtener beneficios ayudando a las personas a recuperar su atención, en lugar de restársela. Esto incluye a empresas que ofrecen herramientas de productividad sin distracciones, aplicaciones de meditación que no recopilan datos de los usuarios y plataformas de redes sociales diseñadas para fomentar conexiones significativas, en lugar de maximizar la participación. La demanda de estas soluciones se ha hecho tan evidente que incluso Apple y Google incorporan ahora controles de tiempo de pantalla y de uso de aplicaciones en sus sistemas operativos, mientras que los servicios por suscripción que eliminan la publicidad siguen ganando terreno.

Las estrategias de resistencia basadas en la comunidad ofrecen otra vía para la acción colectiva. Hayes aboga por la creación y la participación en espacios en línea privados, a los que solo se puede acceder por invitación, que funcionen sin publicidad ni manipulación algorítmica. Estos podrían incluir chats grupales privados, listas de correo electrónico o pequeños foros en los que se puedan mantener conversaciones sin las presiones de las plataformas comerciales, que buscan captar la atención de los usuarios. El objetivo es mostrar cómo es una comunicación digital saludable, al tiempo que se construyen redes de personas comprometidas con la protección de sus recursos cognitivos colectivos.

Reorientar los incentivos económicos

Las soluciones más ambiciosas que propone Hayes implican cambios en las estructuras económicas que hacen rentable la extracción de atención. Su propuesta más radical, recogida en * *, consiste en que el Gobierno imponga límites a la extracción de atención —como un límite legal al tiempo de pantalla o restricciones a los tipos de técnicas de manipulación psicológica que las plataformas pueden emplear legalmente—, de forma similar a como las leyes laborales limitan el número de horas que los empleadores pueden exigir a los trabajadores que dediquen al trabajo. Hayes reconoce que tales regulaciones se enfrentarían a una feroz oposición por parte de las empresas tecnológicas y de aquellas personas que podrían considerarlas restricciones a la libertad personal.

El marco que Hayes propone requeriría el establecimiento de nuevos precedentes legales para considerar la atención como un recurso protegido, de forma similar a como las normativas medioambientales protegen la calidad del aire y del agua. Propone cambios en la forma en que las empresas tecnológicas pueden medir y optimizar su éxito: las agencias gubernamentales podrían exigirles que informen sobre métricas como la satisfacción de los usuarios, los resultados en materia de bienestar o la calidad, en lugar de la cantidad, de la atención captada. Argumenta que las normativas de seguridad en el trabajo, las leyes de protección medioambiental y las normas de protección del consumidor representan casos en los que la intervención gubernamental limitó el comportamiento corporativo para proteger el bienestar público, y que la economía de la atención merece respuestas normativas similares. 

Hayes reconoce que la implementación de estos cambios sistémicos plantea importantes retos. Las empresas tecnológicas poseen una enorme influencia política y recursos financieros para resistirse a la regulación. El carácter global de las plataformas digitales complica los enfoques reguladores nacionales, y la complejidad técnica de la extracción de atención dificulta la elaboración de regulaciones eficaces sin frenar la innovación tecnológica beneficiosa. Pero el objetivo final que articula Hayes es crear un sistema económico en el que la atención humana sirva al florecimiento humano en lugar de a los beneficios corporativos. Esto requeriría no solo cambios normativos, sino también cambios culturales en la forma en que la sociedad valora y protege los recursos cognitivos. 

Ejercicio: ¿Quién te llama la atención?

Hayes sostiene que nuestra atención se ha convertido en el recurso más valioso y amenazado de la sociedad moderna. Este ejercicio te ayuda a analizar cómo se capta, se monetiza y, potencialmente, se explota tu propia atención.

  • Haz un inventario de tu ecosistema digital. Haz una lista de las aplicaciones, plataformas y fuentes de información que utilizas con más frecuencia. Para cada una de ellas, determina si te absorbe principalmente la atención, te ayuda a captar la atención de los demás , o ambas cosas.
  • Elige una plataforma o aplicación que utilices a diario. ¿De qué manera su diseño capta específicamente tu atención de forma inconsciente mediante técnicas como las recompensas variables, el desplazamiento infinito o las notificaciones? ¿Qué patrones de comportamiento ha generado esto en tu uso?
  • ¿Cómo sería una relación sana con esta plataforma? Describe límites o prácticas concretas que podrías poner en práctica para mantener un mayor control voluntario sobre tu atención mientras la utilizas.
«La llamada de las sirenas», de Chris Hayes: resumen del libro y conclusiones

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Esto es lo que encontrarás en nuestro resumen completo de The Sirens' Call:

  • Cómo nuestra atención se ha convertido en una mercancía que las plataformas mediáticas acaparan y controlan
  • Cómo se benefician las plataformas gratuitas al captar y retener la atención de las personas
  • ¿De qué manera la economía de la atención está transformando la sociedad?

Hannah Aster

Hannah es una escritora y editora con amplia experiencia que comenzó su andadura en Shortform hace Shortform cinco años. Creció leyendo sobre todo libros de ficción, pero pasó a escribir obras de no ficción cuando creó su página web de viajes en 2018. Cuando no está escribiendo o viajando, a Hannah se la puede encontrar trabajando en proyectos de reforma del hogar, haciendo manualidades o cuidando de las plantas.

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