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Con el auge de los servicios de streaming, ¿está desapareciendo la televisión por cable? ¿Cómo está afectando a los consumidores el cambio al streaming?
Las suscripciones a la televisión por cable están disminuyendo rápidamente a medida que los espectadores se pasan al streaming, pero la incapacidad de los servicios de streaming para obtener beneficios está prolongando la vida del cable. La transición del cable al streaming amenaza el futuro de la cobertura informativa, en particular de las noticias locales, ya que los servicios de streaming no están obligados a mantener operaciones informativas.
Sigue leyendo mientras analizamos las opiniones de los expertos sobre esta situación.
La muerte del cable
¿Está desapareciendo la televisión por cable? Durante décadas, los servicios de televisión por cable y satélite dominaron el entretenimiento estadounidense, alcanzando su punto álgido alrededor de 2009, cuando prestaban servicio a casi el 90 % de los hogares estadounidenses. Sin embargo, entre 2014 y 2023, las suscripciones se redujeron de 100 millones de hogares a 72 millones, y el primer trimestre de 2024 marcó el mayor éxodo desde que comenzó el cord-cutting. Los analistas del sector prevén que las suscripciones combinadas a la televisión por cable y digital en directo se reduzcan a 47,8 millones de hogares en 2027, mientras que la adopción de los servicios de streaming ya ha alcanzado el 99 % de los hogares estadounidenses.
Por qué está desapareciendo el cable
El comportamiento de los consumidores ha cambiado drásticamente, alejándose de la televisión por cable tradicional. La audiencia televisiva cae aproximadamente un 10 % cada trimestre, y los servicios de streaming han captado a gran parte de esta audiencia, con Netflix alcanzando por sí solo más de 67 millones de suscriptores norteamericanos en 2019. De las personas que mantienen el cable, el 82 % también paga por al menos un servicio de streaming, lo que indica un alejamiento de la televisión tradicional.
Estos cambios han creado un ciclo financiero devastador: a medida que los espectadores abandonan el cable, los anunciantes han reducido sustancialmente sus presupuestos de emisión y cable, al tiempo que han multiplicado por diez el gasto en publicidad digital. Esta pérdida de ingresos obliga a los proveedores de cable a recortar gastos reduciendo la oferta de canales, lo que crea una espiral descendente.
El impacto en la industria
El declive del cable ha creado una situación paradójica para las empresas de medios de comunicación: aunque las tarifas de la televisión por cable siguen siendo su principal fuente de ingresos, el sector está perdiendo valor rápidamente. Warner Bros. Discovery tuvo que amortizar el valor de sus canales de cable en más de 9000 millones de dólares, y las empresas están recortando gastos mediante despidos masivos en las marcas de cable. La industria está respondiendo a esta crisis de varias maneras:
- Reducción de contenidos. Las principales cadenas de cable han abandonado en gran medida la programación original en favor de reposiciones y películas más baratas.
- Adaptación al streaming. Las cadenas están encontrando nuevas formas de distribuir contenidos, ya sea produciendo programas en exclusiva para plataformas de streaming o cerrando lucrativos acuerdos para retransmitir sus programas existentes a través de múltiples servicios.
- Consolidación del sector. Los proveedores de televisión tradicional DirecTV y Dish anunciaron planes para fusionarse.
- Reestructuración corporativa. Comcast está considerando separar sus canales de cable en declive en una empresa independiente, creando un centro en el que otras redes de cable en dificultades podrían consolidarse para reducir costes y aumentar su poder de negociación con los proveedores de televisión.
| ¿Por qué el Cambia el chip streaming? Un ejemplo del cambio al streaming lo podemos ver en Disney. En sus memorias ,The Ride of a Lifetime, Bob Iger habla de la creación de Disney+. En 2016, las tres grandes adquisiciones de Disney (Pixar, Marvel y Lucasfilm) estaban muy avanzadas y todas parecían éxitos rotundos. Pero esto aún no parecía suficiente. Aunque Disney había crecido considerablemente, el panorama tecnológico y mediático había cambiado aún más. Las grandes empresas tecnológicas de la época —Google, Apple, Amazon, Facebook, Netflix— acaparaban la atención de miles de millones de consumidores. Todas estas empresas también estaban invirtiendo fuertemente en la creación de sus propios contenidos. En este contexto, Disney tenía dos opciones. En primer lugar, podía simplemente continuar con su actividad habitual: seguir distribuyendo películas a través de las salas de cine y programas a través de la televisión, y conceder licencias de sus contenidos a distribuidores como Netflix y Apple. Sin embargo, Disney corría el riesgo de convertirse en un productor de contenidos genéricos, una opción más entre miles. Los gigantes tecnológicos seguirían ganando poder y la fidelidad de los consumidores, y, al final, Disney podría no tener más remedio que estar en estas redes, lo que significaría perder todo su poder de negociación y su conexión directa con los consumidores. La otra opción era que Disney controlara su propia distribución a los consumidores, sin intermediarios. Esto requeriría desarrollar su propia plataforma tecnológica y romper los lazos con distribuidores como Netflix. También significaría alterar sus propios negocios existentes a corto plazo y perder muchos millones en ingresos. Pero si lo hacían bien, Disney podría controlar su destino a largo plazo. Por eso crearon Disney+. |
El impacto en los consumidores
El cambio del cable al streaming triplicó el número de hogares con solo banda ancha entre 2014 y 2018. Sin embargo, las ventajas prometidas por el streaming se están desvaneciendo a medida que los servicios luchan por alcanzar la rentabilidad. Las cuotas de suscripción están aumentando, el internet de alta velocidad y sus costos son obligatorios, y los proveedores están adoptando prácticas impopulares similares a las del cable: reducir la programación nueva, hacer que los anuncios sean inevitables y crear paquetes de canales que dificultan la cancelación de servicios individuales. Los aficionados al deporte se enfrentan a retos particulares, ya que necesitan múltiples servicios para ver los partidos.
Estas crecientes frustraciones con el streaming pueden explicar por qué muchos espectadores siguen sin atreverse a abandonar por completo el cable: el 70 % de los actuales suscriptores de cable han mantenido su servicio durante más de cinco años.
Por qué el streaming aún no se ha impuesto por completo: deportes y noticias
Hay un gran obstáculo entre la televisión por cable y su obsolescencia: los servicios de streaming no han identificado un modelo de negocio rentable, y hasta los grandes como Disney+ han perdido miles de millones de dólares desde su lanzamiento. Aunque esta incertidumbre financiera ha ayudado a mantener la televisión por cable, los servicios de streaming están haciendo movimientos agresivos para superarla. Su objetivo principal es el punto fuerte de la televisión por cable: la programación deportiva. La adquisición de valiosos derechos de retransmisión deportiva podría ser el golpe de gracia para la televisión por cable. Pero no será fácil. El precio de los derechos deportivos se ha disparado y los retos técnicos que plantea la retransmisión de deportes en directo hacen que este contenido sea especialmente difícil de ofrecer de forma fiable a las audiencias de streaming.
Este cambio al streaming plantea otra preocupación: A medida que las cadenas de televisión consideran convertirse en plataformas exclusivamente de streaming, tanto la cobertura de noticias nacionales y locales se ve amenazada. Las cadenas podrían eliminar sus divisiones de noticias, ya que los servicios de streaming no están legalmente obligados a mantener operaciones de noticias, mientras que las cadenas de televisión locales, que producen principalmente noticias, podrían tener dificultades para sobrevivir. Si bien la cobertura de noticias nacionales podría pasar a las plataformas de streaming y redes sociales, la pérdida de las cadenas de noticias locales podría crear peligrosas lagunas en la información comunitaria y la conciencia cívica, amenazando un pilar esencial del discurso democrático.
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