En «Inteligencia emocional 2.0», Travis Bradberry y Jean Greaves sostienen que la capacidad de reconocer y gestionar las emociones —tanto las propias como las de los demás— es el factor más importante a la hora de determinar el éxito de una persona. Afirman que la inteligencia emocional (EQ) es más importante que el coeficiente intelectual (IQ) o los conocimientos técnicos, ya que determina la forma en que una persona se desenvuelve en situaciones sociales complejas, genera confianza y resuelve conflictos. Y, a diferencia de la inteligencia cognitiva o los rasgos de personalidad, que son en gran medida fijos, el coeficiente emocional (EQ) es una cualidad que se puede desarrollar mediante la práctica de cuatro habilidades fundamentales: la autoconciencia, la autogestión, la conciencia social y la gestión de las relaciones.
Bradberry y Greaves son psicólogos organizacionales y cofundadores de TalentSmart, una consultora que ha realizado pruebas de inteligencia emocional a la mayoría de las empresas de la lista Fortune 500. Escribieron este libro en 2009 con el objetivo de hacer que la investigación sobre la inteligencia emocional, iniciada en la década de los noventa, resultara más práctica y accesible para los profesionales en activo que desean avanzar en sus carreras. El libro surgió a raíz de su observación de que las personas con un alto rendimiento demuestran sistemáticamente sólidas habilidades de inteligencia emocional, independientemente de su sector o puesto. Su enfoque se basa en la neurociencia y está respaldado por una amplia investigación en el ámbito laboral que demuestra que la inteligencia emocional representa el 58 % del rendimiento laboral en todo tipo de puestos.
En esta guía, analizaremos el marco teórico de los autores en tres secciones. En primer lugar, veremos qué es la inteligencia emocional. En segundo lugar, abordaremos tanto la neurociencia que explica cómo funcionan las emociones en el cerebro como las pruebas de que el coeficiente emocional (EQ) predice el éxito mejor que el coeficiente intelectual (IQ). Por último, analizaremos cómo desarrollar cada una de las cuatro habilidades mediante estrategias específicas y prácticas. A lo largo del camino, compararemos el enfoque de los autores con otros marcos de inteligencia emocional, examinaremos los avances en neurociencia que respaldan sus afirmaciones, exploraremos cómo el desarrollo del coeficiente emocional puede variar según las personas y relacionaremos sus estrategias con conocimientos de campos relacionados, como la terapia cognitivo-conductual y la atención plena.
La inteligencia emocional es tu capacidad para reconocer y comprender las emociones, y utilizar esa conciencia para guiar tu comportamiento y tus relaciones. Según Bradberry y Greaves, tu forma de comportarte en el mundo viene definida por tres características básicas: la inteligencia cognitiva (CI), la personalidad y la inteligencia emocional (CE). Los autores sostienen que el coeficiente intelectual y la personalidad están en gran medida determinados desde la primera infancia, y que ningún esfuerzo podrá modificarlos de forma significativa. Sin embargo, la inteligencia emocional es diferente: es la única característica que puedes desarrollar y fortalecer a lo largo de tu vida, lo que la convierte en la herramienta más práctica para la superación personal.
(Nota breve: Aunque Bradberry y Greaves presentan el coeficiente intelectual y la personalidad como aspectos fijos, las investigaciones apuntan a una realidad más compleja. Las puntuaciones de coeficiente intelectual tienden a mantenerse estables con el tiempo, pero la educación puede influir significativamente en ellas. Los gemelos idénticos que reciben distintos niveles de educación muestran diferencias de coeficiente intelectual de hasta 15 puntos, lo que sugiere que las pruebas de coeficiente intelectual miden no solo la capacidad cognitiva innata, sino también habilidades que se pueden aprender. Del mismo modo, tal y como analiza Olga Khazan en *Me, But Better*, los investigadores han descubierto que, aunque nuestros genes influyen en los rasgos de personalidad, la práctica deliberada puede generar cambios cuantificables. No obstante, la idea general de los autores sigue siendo válida: el coeficiente emocional parece más susceptible de ser desarrollado de forma deliberada que los niveles de inteligencia o los rasgos de personalidad.)
Bradberry y Greaves sostienen que esforzarse por mejorar la inteligencia emocional puede marcar una gran diferencia en la capacidad de alcanzar el éxito: la inteligencia emocional determina si mantienes la calma cuando te critican o si reaccionas a la defensiva. Influye en que te des cuenta de que un compañero está pasando por un mal momento o que te mantengas ajeno a su angustia. Influye en que seas capaz de reparar una relación dañada o que simplemente te quedes de brazos cruzados viendo cómo se deteriora.
¿Cómo estudian los investigadores la inteligencia emocional?
La inteligencia emocional se ha definido de múltiples maneras. Los psicólogos Peter Salovey y John Mayer, quienes acuñaron el término «inteligencia emocional» en 1990, desarrollaron pruebas basadas en habilidades para medir el coeficiente emocional (EQ). Al igual que las pruebas de coeficiente intelectual (IQ), estas plantean problemas que tienen respuestas «correctas», como identificar emociones en expresiones faciales. Su enfoque considera el EQ como una forma innata de inteligencia que determina la capacidad de aprender habilidades emocionales. Por el contrario, Bradberry y Greaves, junto con otros investigadores como Reuven Bar-On, utilizan cuestionarios en los que se pide a las personas que evalúen sus propias habilidades emocionales, con afirmaciones como «Entiendo mis emociones a medida que las experimento» o «Gestiono el estrés de forma eficaz». Este enfoque considera el coeficiente emocional como un conjunto de habilidades que se pueden aprender.
Daniel Goleman, psicólogo y periodista científico, dio a conocer ampliamente el concepto de inteligencia emocional al gran público con su éxito de ventas de 1995 Inteligencia emocional, publicado en 1995. Goleman se basó en las investigaciones de Salovey y Mayer —así como en hallazgos del ámbito empresarial y educativo— para defender que las habilidades emocionales son más importantes para el éxito que la inteligencia tradicional. Su obra contribuyó a que la inteligencia emocional se convirtiera en un concepto generalizado, y su enfoque combinaba elementos tanto de la perspectiva basada en la capacidad como de la basada en las habilidades.
Cabe destacar que estos distintos enfoques de medición revelan patrones diferentes: las personas que obtienen puntuaciones altas en las pruebas de inteligencia emocional (EQ) basadas en la capacidad también suelen obtener puntuaciones altas en las pruebas tradicionales de coeficiente intelectual (CI), lo que sugiere que estas pruebas miden una capacidad cognitiva. Por el contrario,...
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Los seres humanos poseen tres características definitorias: la inteligencia cognitiva (CI), la personalidad y la inteligencia emocional (IE):
Durante muchos años, se ha relacionado la inteligencia cognitiva (CI) con el éxito en el ámbito laboral. Sin embargo, los trabajadores con los CI más altos rara vez superan en rendimiento a sus compañeros con un CI medio. De hecho, las personas con un CI medio superan en rendimiento a aquellas con un CI alto en el 70 % de los casos. Si el CI no es un factor determinante del éxito en el ámbito laboral, ¿qué lo es? Las investigaciones actuales apuntan al coeficiente emocional (CE).
Razón n.º 1: La inteligencia emocional te ayuda a gestionar tus emociones. Tienes reacciones emocionales ante casi todo lo que vives en tu día a día. Aunque muchas de tus reacciones puedan parecer insignificantes, son importantes porque se convierten en patrones de comportamiento.
Tu cerebro está diseñado...
El primer paso para desarrollar la competencia personal es la autoconciencia. La autoconciencia es tu capacidad para identificar tus emociones en el momento en que surgen y reconocer tus tendencias en diferentes situaciones.
Las personas con un alto nivel de autoconciencia:
| Cuando existe la conciencia de uno mismo | Cuando falta la conciencia de uno mismo | |
| Perspectiva | Pones tus emociones en perspectiva, lo que te lleva a sentir una mayor satisfacción. | Sin perspectiva, las emociones se vuelven abrumadoras, lo que da lugar a altos niveles de... |
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Comprender cómo responde tu cuerpo a las emociones te permite identificar tus sentimientos en el momento en que surgen. Utiliza este ejercicio para explorar las formas en que tu cuerpo responde a diferentes estímulos emocionales.
Cierra los ojos durante un minuto o dos y empieza a observar las sensaciones que percibes en todo el cuerpo. ¿Respiras profundamente o de forma superficial? ¿Estás tenso? Si es así, ¿en qué parte? ¿A qué ritmo late tu corazón? Enumera las sensaciones físicas que estás experimentando. Sé concreto.
Conocer tus valores fundamentales te permite tomar decisiones racionales basadas en tus convicciones, en lugar de reaccionar de forma impulsiva. Utiliza este ejercicio para afianzar tus valores fundamentales e identificar los comportamientos que van en contra de tus convicciones.
¿Cuáles son los valores fundamentales que te guían? Algunos ejemplos de valores fundamentales son: mostrar compasión, ser un compañero de trabajo en el que se puede confiar, dar prioridad a la familia, defender a tus amigos, dedicarte a lo que te apasiona, etc. Enumera entre 2 y 5 de tus valores fundamentales.
«Me encanta Shortform, porque estos son los MEJORES resúmenes que he visto nunca... y he consultado muchas páginas similares. El resumen de una página y la versión completa, más extensa, son muy útiles. Leo Shortform casi todos los días».
Jerry McPheeUna vez que hayas reforzado tus habilidades de autoconciencia, podrás empezar a desarrollar el segundo paso de la competencia personal: la autogestión. La autogestión es la capacidad de utilizar tu autoconciencia para gestionar tus emociones y mantener el control sobre tu comportamiento.
Personas con un alto nivel de autogestión:
| Cuando existe la autogestión | Cuando falta la autogestión | |
| Enfrentamiento | Mantienes la calma en situaciones conflictivas o tensas, independientemente de tus sentimientos personales. | Dejas que las emociones se apoderen de ti y dices cosas poco sensibles u ofensivas en el calor del momento. |
| Comportamiento reactivo | Te tomas tu tiempo para... |
Distinguir entre tu cerebro emocional y tu cerebro racional te ayudará a descubrir cuál es el mejor camino a seguir cuando te enfrentes a una situación difícil. Utiliza este ejercicio para establecer esa distinción y aclarar tu proceso de toma de decisiones.
Piensa en un problema con el que te estés enfrentando ahora mismo y que te obligue a tomar una decisión. Descríbelo.
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Imaginarte a ti mismo gestionando bien una situación permite que tu cerebro desarrolle habilidades de inteligencia emocional antes de que surjan situaciones difíciles.
Piensa en una situación en la que hayas tenido dificultades anteriormente para controlar tus emociones. Descríbela.
Una vez que hayas desarrollado tu competencia personal, podrás empezar a desarrollar tu competencia social. Recuerda : la competencia social es tu capacidad para interactuar con otras personas de forma eficaz.
El primer paso para desarrollar la competencia social es la conciencia social. La conciencia social es la capacidad de identificar las emociones de los demás y comprender las razones que hay detrás de ellas.
Personas con un alto grado de conciencia social:
| Cuando existe conciencia social | Cuando falta la conciencia social | |
| Empatía | Te pones en el lugar de los demás e intentas comprender su... |
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Un aspecto fundamental de la conciencia social es la capacidad de vivir el momento. Si dejas que las distracciones te desvíen la atención, no captarás la información esencial.
Piensa en una conversación reciente que hayas tenido y en la que te hayas sentido desconectado. Descríbela.
Tener un plan para las reuniones sociales te permite dejar de darle vueltas a las cosas y estar más atento a lo que ocurre a tu alrededor.
Piensa en un evento social reciente en el que te hayas sentido abrumado. ¿De qué manera te sentiste abrumado? (¿Te parecieron forzadas las conversaciones? ¿Se te olvidaron cosas? ¿Te sentiste incómodo?)
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El segundo paso hacia la competencia social y la cuarta y última habilidad en el desarrollo de la inteligencia emocional es la gestión de las relaciones. La gestión de las relaciones es tu capacidad para entablar relaciones con otras personas.
Las personas con un alto nivel de gestión de relaciones:
| Cuando se aplica la gestión de relaciones | Cuando falta la gestión de las relaciones | |
| Conversaciones difíciles | Eres capaz de mantener conversaciones difíciles de forma constructiva y eficaz, incluso con personas que no te caen bien o con las que no estás necesariamente de acuerdo. | No se pueden mantener conversaciones difíciles sin que la cosa se acalore o se convierta en algo personal, sobre todo con gente que no te cae bien... |
Las buenas intenciones y el impacto positivo no siempre van de la mano. Asegúrate de que tu intención dé lugar al impacto deseado.
Piensa en una situación reciente en la que tus buenas intenciones acabaran empeorando las cosas. Podría tratarse de cualquier cosa, desde una broma inoportuna hasta un objetivo poco claro. Describe tu intención, las acciones que llevaste a cabo y el impacto que tuvieron.
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La forma en que gestionas las situaciones tensas dice mucho de tu inteligencia emocional. Cuanto mayor sea tu coeficiente emocional, mejor sabrás manejar estas situaciones sin que ello afecte a tus relaciones.
Piensa en una discusión reciente con un compañero de trabajo en la que uno de los dos, o ambos, empezasteis a culparos mutuamente de un problema. Descríbela.
La inteligencia emocional requiere que, en primer lugar, desarrolles tus competencias personales. La autoconciencia y la autogestión constituyen la base de la inteligencia emocional.
Piensa en alguna ocasión reciente en la que la falta de autoconciencia te llevara a tomar una mala decisión. Descríbela.
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