Resumen en PDF:El niño explosivo, por

Resumen del libro: Aprenda los puntos clave en cuestión de minutos.

A continuación se muestra un avance del resumen del libro de Shortform titulado «The Explosive Child», de Ross Greene. Lee el resumen completo en Shortform.

Resumen de una página en PDF de «El niño explosivo»

¿Tu hijo es terco y tiende a enfadarse con facilidad? ¿Ha pasado por muchos terapeutas, psiquiatras y tratamientos farmacológicos sin que haya mejorado su situación? ¿Sientes que tu vida depende de sus cambios de humor? Si es así, *El niño explosivo* te ofrece una forma de controlar su comportamiento y de recuperar tu vida. En este libro, el psicólogo clínico infantil Ross W. Greene describe un método para abordar los problemas de conducta de los «niños explosivos» a través de la colaboración y la comunicación.

Nuestra guía sobre «The Explosive Child» te ayudará a descubrir la causa de los problemas de comportamiento de tu hijo y te explicará cómo podéis trabajar juntos para abordarlos. También analizaremos los retos habituales a los que se pueden enfrentar los padres durante este proceso, al tiempo que comparamos las estrategias de Greene con las de otros psicólogos infantiles y expertos en crianza.

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Estrategia n.º 3: Debatir

Hasta ahora, hemos visto dos estrategias que funcionan como soluciones a corto plazo, pero que no abordan los problemas de comportamiento a largo plazo. Para resolver estos problemas a largo plazo, Greene sugiere una tercera estrategia que consiste en colaborar con tu hijo para determinar qué está provocando sus arrebatos y cómo solucionarlo. Esto se consigue hablando sobre sus arrebatos con el fin de comprender su punto de vista, comunicar el suyo propio y llegar a una solución. (Analizamos este proceso en detalle en la Parte 3.)

Ventajas de «Discuss»

Esta estrategia es la más adecuada para abordar los problemas de conducta de su hijo a largo plazo, explica Greene. Al identificar los retos prácticos y las habilidades ejecutivas que le faltan a su hijo y que provocan sus arrebatos, podrá abordarlos y evitar que se produzcan, eliminando así los problemas de conducta y ayudando a su hijo a superar esos retos prácticos.

Desventajas de «Discuss»

Greene reconoce que esta estrategia a menudo no funciona cuando el niño ya está alterado o tiene una rabieta, ya que no será capaz de comunicarse mientras sus emociones estén a flor de piel.

La psicología de hablar sobre los arrebatos

Para comprender mejor la psicología que subyace al método «discutir», podemos recurrir a los autores de The Whole Brain Child. Estos describen el cerebro humano como compuesto por dos partes principales: el cerebro «de arriba» es responsable del pensamiento superior y el razonamiento, y el cerebro «de abajo» se encarga de las respuestas primitivas e impulsivas. Según explican, los niños tienen un cerebro de abajo más desarrollado que puede bloquear al de arriba; esto es lo que les lleva a tener reacciones emocionales impulsivas, como los arrebatos. Por lo tanto, los padres deben enseñar a los niños a integrar sus cerebros de arriba y de abajo para que trabajen juntos.

Hablar sobre sus problemas de comportamiento les permite precisamente eso: tu hijo utiliza el pensamiento superior del «cerebro de arriba» para explicar la respuesta emocional del «cerebro de abajo» que provocó su arrebato. Distinguir entre el pensamiento del «cerebro de arriba» y el del «cerebro de abajo» también ayuda a explicar por qué las conversaciones no funcionan cuando tu hijo está alterado: su «cerebro de abajo» toma el control cuando sus emociones están a flor de piel, lo que significa que no puede llevar a cabo la tarea del «cerebro de arriba» de hablar contigo hasta que se haya calmado.

Parte 3: Cómo prevenir las rabietas

Como señalamos en la parte 2, Greene sostiene que la estrategia de «dialogo» es la más adecuada para abordar los problemas de comportamiento a largo plazo. En la parte 3 de nuestra guía, describiremos los cuatro pasos principales de esta estrategia: preparar los temas, recopilar información, compartir tu punto de vista y buscar soluciones.

Paso n.º 1: Preparar los temas

Antes de hablar con tu hijo sobre las rabietas, Greene recomienda que prepares dos listas, una para cada aspecto de una rabieta:

1) Dificultades prácticas

Haz una lista de las tareas concretas que a tu hijo le cuesta realizar y de las normas que le cuesta cumplir. No lo plantees en términos de sus comportamientos problemáticos: la prevención requiere centrarse en lo que provoca las crisis , no en lo que ocurre durante ellas. Por ejemplo, los padres de Liz anotarían: «Le cuesta levantarse de la cama por la mañana». No escribirían : «Nos grita cuando le decimos que se levante».

(Nota breve: Puede resultar difícil restar importancia a los comportamientos problemáticos de tu hijo, sobre todo cuando esos comportamientos te hacen daño. Si esto le resulta difícil, intente no tomarse sus comportamientos como algo personal; como ya se ha comentado, los niños no quieren desobedecerle ni manipularle para que se sienta de una determinada manera. Simplemente están pasando por sus propias dificultades emocionales y carecen del autocontrol necesario para gestionar todo lo que dicen. Esforzarse por mantener la objetividad y centrarse únicamente en sus dificultades prácticas ahora dará sus frutos y le evitará sentirse herido más adelante.)

2) Falta de habilidades directivas

Haz una lista de las habilidades ejecutivas que le puedan faltar a tu hijo. Greene ofrece su propia lista, que también puedes utilizar. Él describe estas habilidades que le faltan como «dificultades» a las que se enfrenta tu hijo, en lugar de como problemas de comportamiento. Ten en cuenta que no vas a utilizar esta lista como tema de conversación con tu hijo; es solo para tu propia referencia, para intentar contextualizar sus arrebatos.

(Nota breve: Identificar las deficiencias en las habilidades ejecutivas de su hijo también puede ayudarle a comprender el alcance total de sus dificultades y cómo estas afectan a su desarrollo de diversas maneras. Los psicólogos han podido relacionar las dificultades con el funcionamiento ejecutivo con la ansiedad, la depresión e incluso problemas de salud física debido al aumento del estrés. Esto hace que sea especialmente importante no solo enumerar con precisión las habilidades ejecutivas que le faltan a su hijo, sino también trabajar para desarrollarlas con el tiempo, que es precisamente para lo que está diseñado el método de Greene.)

Paso n.º 2: Conoce el punto de vista de tu hijo

Una vez que hayas elaborado tus listas, Greene recomienda que hables con tu hijo sobre los retos prácticos, empezando por aquellos que provocan más rabietas o conflictos. Tu objetivo en estas conversaciones es comprender la perspectiva de tu hijo sobre sus dificultades prácticas y sus arrebatos. Greene reconoce que no siempre es un proceso fácil —los niños a menudo no comprenden del todo sus propios sentimientos y pueden resistirse a hablar de su comportamiento—, pero si te acercas a tu hijo con franqueza y colaboras con él, acabarás descubriendo las causas de sus arrebatos.

(Nota breve: En lugar de limitarte a preguntarle a tu hijo qué provoca sus rabietas, algunos expertos en crianza sugieren que también prestes atención a los comportamientos de tu hijo que preceden a una rabieta. Al tomar la iniciativa y fijarte en cuándo y dónde se producen las rabietas, obtendrás información importante sobre los comportamientos de tu hijo. Esta información puede servirte de punto de partida para mantener conversaciones constructivas.)

Greene ofrece dos consejos para mantener estas conversaciones con su hijo:

1) Haz preguntas concretas

Greene explica que las preguntas que plantees durante la conversación deben centrarse en las circunstancias concretas que subyacen a los problemas prácticos, lo que te permitirá modificar o evitar esas circunstancias más adelante y prevenir los arrebatos. Para ello, hazle a tu hijo muchas preguntas que empiecen por «qué», «quién», «dónde» y «cuándo», como por ejemplo: ¿Qué te resulta difícil o frustrante? ¿Quién te hace enfadar? ¿Dónde y cuándo sueles enfadarte? ¿En qué pensabas en los momentos previos al arrebato? Por ejemplo, el padre de Liz le pregunta qué es lo que no le gusta de levantarse por la mañana o cuándo le resulta más fácil o más difícil levantarse.

Circunstancia, reflexión y, después, acción

Aunque pueda parecer que las circunstancias de una situación difícil provocan directamente los arrebatos de su hijo, hay más de lo que parece a primera vista. Estas circunstancias, también conocidas como «desencadenantes conductuales», están en realidad relacionadas con formas específicas de pensar, más que con formas específicas de actuar. Estos pensamientos son el «paso intermedio» entre las circunstancias concretas y las reacciones de su hijo ante ellas. Por ejemplo, Liz se enfrenta al desencadenante conductual de levantarse temprano. Ella asocia este evento con una forma específica de pensar: «Odio levantarme por la mañana. No debería tener que hacerlo». Entonces, cuando le dicen que se levante, automáticamente empieza a pensar en lo injusto que es eso, se enfurece y tiene un arrebato.

Este paso intermedio, un patrón de pensamiento, es fundamental para comprender por qué se producen los arrebatos: si el niño es capaz de recordar lo que estaba pensando justo antes de un arrebato, podrás entender la cadena de acontecimientos que condujo a su comportamiento. Además, si logras encontrar una forma de interrumpir el patrón de pensamiento negativo de tu hijo (mediante técnicas de afrontamiento como ejercicios de respiración, por ejemplo), entonces no pasará a la siguiente fase de tener un arrebato, incluso ante un desencadenante conductual.

2) Practica la escucha activa

Mientras recabas la opinión de tu hijo, es importante que lo animes a mostrarse lo más abierto y comunicativo posible, para que se sienta cómodo hablando contigo. Con este fin, Greene sugiere que escuches activamente a tu hijo, convirtiéndolo en el centro de la conversación. Ofrece varios consejos sobre lo que se debe y no se debe hacer en una conversación para practicar la escucha activa:

  • Repite las respuestas de tu hijo para asegurarte de que las has entendido bien.
  • No dudes en hacer preguntas para aclarar tus dudas, como «¿Qué quieres decir?» o «¿Cómo es eso?», cuando no entiendas algo.
  • No saques a relucir los comportamientos problemáticos, ya que hacerlo podría hacer que tu hijo se ponga a la defensiva y se cierre en banda.
  • No intentes adivinar qué siente tu hijo o por qué se comportó de cierta manera: no querrás adelantarte a sus palabras y privarle de la oportunidad de explicarse.
  • No ofrezcas soluciones todavía, ya que eso vendrá más adelante.

Señales no verbales y escucha activa

Los psicólogos señalan que hay otros aspectos fundamentales en la escucha activa, muchos de los cuales tienen menos que ver con lo que dices y más con cómo te comportas. También recomiendan que:

  • Presta atención a tu lenguaje corporal. A veces, nuestros gestos pueden transmitir algo que no pretendemos. Para demostrar que estás atento e interesado en lo que dice la otra persona, intenta sonreír, evita cruzar los brazos y asiente con la cabeza de vez en cuando.

  • Mantén el contacto visual. Esto te permite demostrarle a tu interlocutor que estás prestándole atención y que no te distrae nada más.

  • No interrumpas a tu interlocutor. Aunque haya un momento de silencio mientras piensa qué decir, debes ser paciente y esperar a que continúe. Esto le facilita terminar sus ideas y, además, demuestra que no te estás aburriendo con lo que tiene que decir.

Paso n.º 3: Explica tu punto de vista

Una vez que sientas que comprendes bien el punto de vista de tu hijo respecto a un reto práctico, Greene recomienda que le expliques tu punto de vista. Explícale a tu hijo por qué le pides que lleve a cabo estos retos prácticos y cómo el hecho de no hacerlo le afecta negativamente a él y a las personas que le rodean. Al ayudar a tu hijo a comprender por qué le pides que lleve a cabo estos retos prácticos, dichos retos le parecerán menos arbitrarios y menos frustrantes.

Por ejemplo, el padre de Liz explica su punto de vista diciendo: «Me preocupa que sigas teniendo problemas en el colegio por llegar tarde. Además, si pierdes el autobús y tengo que llevarte en coche, yo tengo problemas por llegar tarde al trabajo». Esto le deja claro a Liz por qué tiene que levantarse y cuáles son las consecuencias si no lo hace.

(Nota breve: además de explicar las consecuencias de no completar los retos prácticos, puedes expresar tus sentimientos respecto al comportamiento de tu hijo y explicarle a los autores de Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen. El objetivo no es hacer que su hijo se sienta culpable, sino ayudarle a desarrollar empatía y la voluntad de colaborar con usted. Cuando comparte sus sentimientos, le da ejemplo de estas habilidades a su hijo y le muestra que compartir sentimientos no solo es seguro, sino que también se fomenta.)

Paso n.º 4: Intercambiar ideas y probar soluciones juntos

Una vez que tanto tú como tu hijo hayáis dejado claras vuestras perspectivas, Greene afirma que el siguiente paso es colaborar con tu hijo para encontrar una solución que os satisfaga a ambos. No deberías abordar este paso habiendo decidido ya una solución, ya que podría limitar tu forma de pensar o hacer que caigas en una estrategia de «exigencia». Sea cual sea la solución a la que lleguéis, debe ser realista y satisfacer a todos; de lo contrario, solo generará resentimiento y aumentará la tensión con el tiempo, lo que dará lugar a conflictos futuros.

Aunque puedas pensar que este paso le da demasiado poder a tu hijo o le permite tomar el control, Greene sostiene que no es así. Al fin y al cabo, sigues siendo tú quien determina la forma en que puede superar los retos prácticos que le planteas .

(Nota breve: El proceso de idear y poner a prueba diversas soluciones puede resultar largo y agotador, algo en lo que suelen centrarse los detractores de los estilos de crianza colaborativos. Estos críticos sostienen que los complejos procesos que implica abordar cada problema de forma colaborativa (en lugar de recurrir a normas y castigos claros) resultan a veces poco realistas para los padres, especialmente para aquellos que solo pueden pasar un tiempo limitado con sus hijos cada día debido al trabajo u otras obligaciones. Aunque los enfoques colaborativos pueden tener sus ventajas, admiten los críticos, los padres no deberían sentirse culpables si les cuesta ponerlos en práctica.)

Greene describe un plan de tres pasos para generar posibles soluciones: resume tus inquietudes, aporta ideas iniciales y, a continuación, revísalas y perfecciónalas.

1) Resumen de las preocupaciones

Resume tus puntos de vista y los de tu hijo. Esto te ayudará a tener presente qué aspectos debe abordar tu solución. Por ejemplo, durante la conversación del paso n.º 2, Liz reveló que le cuesta levantarse los días en que no hay nada que le guste para desayunar. El padre de Liz resumirá esto, así como sus preocupaciones respecto a los retrasos.

(Nota breve: Repetir las ideas en una conversación no solo te ayuda a recordar lo que se ha dicho, sino que también demuestra que has estado escuchando y hace que tu interlocutor se sienta escuchado y comprendido. Esto, a su vez, le anima a mostrarse más abierto y expresivo en lo sucesivo, ya que sabe que te está llegando.)

2) Aportar ideas iniciales

Piensa en algunas ideas iniciales para resolver el problema, preguntándole primero a tu hijo. Dado que se trata de su problema, es posible que ya tenga algunas ideas sobre cómo abordarlo o una perspectiva diferente a la tuya. Después, puedes aportar tus propias ideas o sugerir algunas modificaciones. Por ejemplo, Liz sugiere que ella elija qué desayuna cada día. El padre de Liz modifica ligeramente la idea y propone que planifiquen juntos los desayunos de cada semana.

(Nota breve: Los autores de Cómo hablar para que los niños escuchen y escuchar para que los niños hablen ofrecen consejos concretos para esta fase inicial de lluvia de ideas con el fin de garantizar que todo vaya sobre ruedas. Sugieren que empieces por poner todas y cada una de las ideas sobre la mesa (incluso aquellas con las que no estés de acuerdo, como dejar que tu hijo haga lo que quiera), y que las anotes todas en una lista. A continuación, tanto tú como tu hijo podéis repasar esta lista y tachar cualquier idea que no os guste, explicando vuestros pensamientos y sentimientos a medida que lo hacéis. Estos pasos adicionales ayudarán a tu hijo a sentir que te importa lo que piensa y que realmente estás colaborando con él en lugar de ir en su contra.)

3) Revisar y perfeccionar

Colabora con tu hijo para poner en práctica tu solución, modificándola según sea necesario. Prueba tu solución durante un tiempo y comprueba si ayuda a tu hijo a afrontar su problema concreto o si reduce el número de rabietas que tiene. Si no es así, sigue hablando con él para intentar determinar qué funciona, qué no y si quizá haya otra solución mejor. Recuerda que se trata de un proceso y que es posible que no lo consigas a la primera.

Por ejemplo, Liz y su padre se dan cuenta de que sus planes semanales para el desayuno suelen acabar en disputas de poder, por lo que siguen comunicándose abiertamente y, finalmente, deciden descartar esa solución y buscar otra. Sin embargo, a diferencia de cuando el padre de Liz utilizaba la estrategia de la exigencia, siguen avanzando a pesar de que su primera solución fracasó: cada vez se les da mejor abrirse el uno al otro y comprender sus respectivos puntos de vista.

(Nota breve: Muchos expertos en crianza destacan la importancia de la coherencia en lo que respecta a las normas y la disciplina, argumentando que hace que tu hijo se sienta más seguro y menos ansioso, ya que le ayuda a saber qué puede esperar de ti. Sin embargo, las soluciones consisten precisamente en encontrar una forma de que tu hijo pueda afrontar los retos prácticos; y si una solución determinada no lo consigue, seguir utilizándola no beneficiará a nadie. En todo caso, solo aumentará la ansiedad de tu hijo al provocar más conflictos y luchas de poder. Por lo tanto, puedes dejar de lado la coherencia hasta que encuentres una solución que funcione.)

Parte 4: Retos habituales

A medida que trabajes para prevenir las rabietas utilizando el método de Greene, es probable que te encuentres con dificultades. En la cuarta parte de nuestra guía, analizaremos tres dificultades habituales a las que se enfrentan los padres durante este proceso, así como las sugerencias de Greene para superarlas.

Reto n.º 1: La reticencia

Greene reconoce que, sobre todo al principio, cuando se adopta la estrategia de «hablar», es posible que su hijo se muestre reacio o no quiera hablar. Esto es normal y suele deberse a dos razones principales:

  1. Tu hijo sigue esperando una estrategia de «exigencia» unidireccional y no está acostumbrado a este nuevo enfoque bidireccional. Por lo tanto, es posible que siga mostrándose algo a la defensiva o que aún no cuente con las habilidades ejecutivas necesarias para comunicarse abiertamente.
  2. Tu hijo realmente no sabe por qué le cuesta tanto resolver un problema práctico o por qué tuvo ese arrebato.

Aunque tu hijo se muestre reacio al principio, no te rindas. Seguir manteniendo estas conversaciones le ayudará a mejorar su capacidad para reflexionar sobre sus sentimientos y expresarlos.

(Nota breve: Aunque los consejos de Greene para gestionar la reticencia se centran principalmente en reducir los sentimientos negativos durante una conversación, otros expertos en crianza sugieren que también se pueden potenciar los sentimientos positivos que el niño tiene hacia la conciencia de sí mismo y la expresión personal. Al elogiar al niño por expresar sus sentimientos o ayudarle a identificar sus puntos fuertes, se le puede animar a mostrarse más abierto incluso fuera de las conversaciones sobre dificultades prácticas.)

Reto n.º 2: Otros niños y adultos

El segundo reto habitual que menciona Greene es cómo manejar a tu hijo cuando está rodeado de otros niños y adultos. Dado que las crisis en público pueden degenerar rápidamente en un caos, Greene hace hincapié en que la seguridad y la estabilidad deben ser tu prioridad principal, incluso si eso implica recurrir a la medicación para controlar su comportamiento o utilizar la estrategia de «retraso» para evitar las crisis. Además, puedes facilitarte las cosas explicando a los demás las crisis de tu hijo:

  • Explica al colegio de tu hijo qué es lo que provoca sus crisis, así como las estrategias que tú y tu hijo utilizáis para evitarlas. (Nota de Shortform: además de compartir tu experiencia con los profesores de tu hijo, pídeles su opinión; escuchar cómo otra persona percibe el comportamiento de tu hijo en un entorno diferente podría ayudarte a comprender mejor sus crisis.)
  • Si los hermanos de tu hijo se resienten por la atención especial o los privilegios que recibe, explícales que «justo» no siempre significa «igual»: cada persona se enfrenta a dificultades diferentes, y tu labor como padre o madre es ayudar a tus hijos a superar cualquier dificultad que puedan tener. (Nota de Shortform: Los expertos en crianza señalan que, además de explicar que cada niño necesita ayuda de una manera diferente, puedes ayudar a abordar los celos entre hermanos destacando y elogiando a cada uno de ellos por sus fortalezas y talentos únicos.)

Reto n.º 3: Dificultades de comunicación

Greene explica que, si tu hijo tiene dificultades para comunicarse, ya sea debido a una discapacidad, a una enfermedad diagnosticada o a cualquier otra causa, la estrategia de «dialogar» resulta más difícil, pero no imposible. Puede utilizar métodos simplificados, como frases clave o señalar imágenes, para ayudarle a expresar sus necesidades. Si su hijo es prácticamente incapaz de comunicarse, puede llevar un registro de sus rabietas e intentar identificar patrones en cuanto al momento en que se producen. Estos patrones pueden ayudarle a determinar y, posteriormente, abordar las causas de esas rabietas.

(Nota breve: Además de las imágenes y las frases clave, los juegos de rol son un método muy utilizado para transmitir a los niños con autismo y dificultades de aprendizaje los retos prácticos y los límites. Los juegos de rol no solo te permiten mostrar a tu hijo cómo comportarse correctamente, sino que también le permiten practicar ese comportamiento mientras se encuentra tranquilo y en un entorno seguro.)

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