Resumen del PDF:La sobreprotección de la mente estadounidense, de Greg Lukianoff y Jonathan Haidt
Resumen del libro: Descubre los puntos clave en cuestión de minutos.
A continuación se muestra un avance del resumen del libro de Shortform titulado *The Coddling of the American Mind*, de Greg Lukianoff y Jonathan Haidt. Lee el resumen completo en Shortform.
Resumen en PDF de una página de *La mimosidad de la mente estadounidense*
Desde las elecciones de 2016, Estados Unidos ha sido testigo de protestas en los campus universitarios contra ponentes «polémicos» o «peligrosos». La obra *The Coddling of the American Mind* analiza este fenómeno y muestra cómo un conjunto de creencias peligrosas y falsas se ha arraigado en la mente de los estudiantes universitarios de hoy en día, convenciendo a estos jóvenes de que son intrínsecamente frágiles y deben ser protegidos de los supuestos efectos nocivos de los discursos con los que no están de acuerdo. Esta actitud amenaza la libertad académica, socava la democracia y, en última instancia, resulta perjudicial para el desarrollo social y emocional de la juventud actual.
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La cultura de la denuncia tiene un efecto disuasorio sobre la libertad de expresión en el campus, ya que los estudiantes, el profesorado y el personal administrativo se ven obligados a recurrir a la autocensura por miedo a ser vilipendiados socialmente por expresar opiniones políticamente incorrectas.
Consecuencia negativa n.º 1: la represión de la libertad de expresión
Estas malas ideas tienen graves consecuencias. Su primer efecto negativo es que han convencido a los estudiantes de que la violencia y la intimidación son respuestas aceptables —incluso necesarias— ante las opiniones que no les gustan.
Una idea inquietante es que ciertas formas de expresión deberían considerarse una forma de violencia. La lógica de este argumento es que el discurso incitativo puede causar sufrimiento emocional. El sufrimiento emocional, a su vez, puede tener efectos nocivos para la salud física de una persona. Por lo tanto, dado que algunas formas de expresión pueden provocar daños físicos, dichas expresiones deberían considerarse el equivalente moral de la violencia física.
Según esta lógica, por supuesto, casi cualquier cosa podría considerarse un acto de violencia, ya que es probable que cualquier cosa resulte emocionalmente estresante para al menos una persona. Esto se convierte en una invitación abierta para que quien escucha responda con violencia real a prácticamente cualquier discurso con el que no esté de acuerdo.
En marzo de 2017, se produjo un brote de violencia en el Middlebury College, en Vermont. Allí tenía previsto dar una conferencia el polémico autor de derechas Charles Murray. Murray, en su libro de 1994 *The Bell Curve*, sostenía que la desigualdad social y económica es el resultado de diferencias genéticas innatas que hacen que los negros, los latinos, las mujeres y los pobres sean intelectualmente inferiores a los hombres blancos. Los estudiantes de Middlebury respondieron con disturbios, destrozando propiedades e incluso amenazando físicamente a Murray y a miembros del cuerpo docente.
Consecuencia negativa n.º 2: la ortodoxia y el pensamiento único en el campus
La segunda consecuencia negativa de estas ideas es que han dado lugar a una ortodoxia ideológica y a un pensamiento único en los campus universitarios, así como a la persecución de quienes se consideran disidentes.
A medida que la opinión en los círculos académicos se ha ido orientando de forma cada vez más uniforme hacia la izquierda, se ha vuelto menos tolerante con los puntos de vista divergentes. Los académicos evalúan cada vez más el trabajo de sus colegas no por sus méritos, sino en función de si se desvía o no de la ortodoxia izquierdista compartida.
En los últimos años se ha observado una inquietante tendencia por parte de las revistas y publicaciones académicas a censurar las opiniones que contradicen la ortodoxia de izquierdas, especialmente en lo que respecta a cuestiones de raza y clase. Un profesor que simplemente cuestionó la imparcialidad de un «Día de la Ausencia» (durante el cual los activistas pidieron a los estudiantes blancos que no acudieran al campus durante un día) fue vilipendiado, acosado y atacado por estudiantes e incluso por compañeros del cuerpo docente, y finalmente se vio obligado a abandonar el campus.
Cómo los jóvenes se han vuelto tan frágiles
Es importante comprender por qué los jóvenes han llegado a adoptar estas actitudes. En esta sección, analizaremos la polarización política, el aumento de los índices de depresión y ansiedad, la influencia de las redes sociales, la preocupación excesiva de los padres por la seguridad de sus hijos, la burocratización de las universidades y los cambios en las normas relacionadas con la justicia social como posibles causas fundamentales.
Polarización política
Tanto dentro como fuera del campus, las marcadas diferencias ideológicas entre la izquierda y la derecha han dado lugar a una «polarización negativa»: una movilización política que no se centra en el apoyo positivo al partido propio, sino en el odio y el miedo hacia el partido contrario.
El activismo universitario de izquierdas ha provocado una reacción feroz por parte de la derecha, y los medios de comunicación de derecha, como Fox News, suelen amplificar y destacar de forma cínica los incidentes más sonados relacionados con dicho activismo. El círculo vicioso de acción, reacción y contrarreacción divide aún más a la nación e imposibilita entablar cualquier diálogo significativo más allá de las divisiones partidistas.
Las redes sociales y la incipiente crisis de salud mental
En los últimos años se ha producido un preocupante aumento del número de adolescentes que afirman sentirse ansiosos o deprimidos. Los suicidios y las autolesiones han aumentado desde los inicios de la
En la década de 2010, especialmente entre las adolescentes, tras haberse mantenido relativamente estable durante décadas.
Los expertos han señalado que las redes sociales y el exceso de tiempo frente a la pantalla guardan una estrecha relación con la depresión, la ansiedad y las autolesiones entre los jóvenes.
Si no eres popular o sientes que te están excluyendo, las redes sociales como Facebook e Instagram te confirman minuto a minuto tu aislamiento social al mostrar las experiencias glamurosas y satisfactorias que disfrutan los demás . La saturación en el mundo de las redes sociales ha hecho que los jóvenes de hoy en día se sientan más deprimidos, ansiosos y temerosos que nunca.
Crianza segura
Los padres de hoy en día limitan las actividades independientes de sus hijos en mucha mayor medida que las generaciones anteriores, privándoles así de oportunidades que favorecen su desarrollo, como asumir riesgos y aprender de los errores.
Esto impide que los jóvenes aprendan a evaluar los riesgos de forma realista cuando se convierten en adultos. Posteriormente, llevan esa actitud a la universidad y esperan que se les proteja de los discursos y opiniones «violentos» y «peligrosos».
La burocratización en el campus
Dado que la educación superior es un negocio tan importante, las universidades necesitan ahora una amplia burocracia profesionalizada de administradores que las gestionen y garanticen unos ingresos constantes.
Como consecuencia, las universidades ven cada vez más a los estudiantes como clientes: activos valiosos cuyas necesidades deben satisfacerse. Por miedo a ofender a estos valiosos clientes, los responsables administrativos han promulgado onerosos «códigos de expresión» que definen qué ideas y formas de expresión son y no son aceptables en el campus. Estos códigos son absurdamente vagos, se aplican de forma arbitraria y son profundamente perjudiciales para la libertad de expresión en el campus.
La evolución de las normas de justicia social
Muchos de estos problemas en los campus giran en torno a las nociones cambiantes de justicia. La generación iGen creció en una época de gran agitación social y política, especialmente en torno a cuestiones de identidad y de igualdad racial y de género. Por ello, se muestran muy escépticos ante las jerarquías tradicionales de raza, género y clase social.
El problema surge cuando la gente deja de centrarse en garantizar la igualdad de acceso a las oportunidades y empieza a centrarse en la igualdad de los resultados materiales. Este cambio de actitud hacia la justicia social comenzó antes de la generación iGen. Un miedo excesivo a que algunos grupos estén sobrerrepresentados o infrarrepresentados conduce a la imposición de cuotas, en las que se juzga a las personas no por sus méritos, sino por su pertenencia a un grupo concreto.
Soluciones: Fomentar la antifragilidad
Ahora nos centraremos en las soluciones que los padres, los profesores, los catedráticos y los administradores pueden aplicar para contrarrestar esas tres ideas erróneas y sus consecuencias perjudiciales.
Solución n.º 1: Independencia en la infancia
Los padres deberían brindar a sus hijos más oportunidades para ejercer su independencia, desde una edad temprana. Esto puede ser tan sencillo como permitirles disfrutar de un juego más libre y sin supervisión. Cuando observen que surgen conflictos entre los niños mientras juegan, deberían resistirse a la tentación de intervenir o de obligarles a «jugar limpio». También sería aconsejable que los padres preguntaran periódicamente a sus hijos qué nuevos retos quieren afrontar. Incluso pequeños logros, como ir andando solos al colegio o a casa de sus amigos, pueden ser una fuente de gran autoestima para los niños.
Solución n.º 2: Romper el razonamiento emocional
Los padres también harían bien en enseñar a sus hijos a no basarse únicamente en sus emociones a la hora de interpretar la realidad. Por ejemplo, un padre podría explicar que la realidad puede existir independientemente de los sentimientos de cada uno, señalando que, aunque alguien sienta que está nevando fuera, puede que se equivoque: o bien está nevando o bien no . Hay que tener en cuenta tanto los hechos como los sentimientos.
Solución n.º 3: Aceptar los matices
Los padres también deben inculcar a sus hijos que nadie es puramente bueno ni malo. Todos somos seres complejos, capaces de hacer tanto cosas buenas como malas en función de nuestras circunstancias y de nuestro nivel de conocimiento en un momento dado. Incluso cuando los niños se equivocan, los padres deben escuchar con respeto sus opiniones e intentar utilizar la razón para guiarlos hacia patrones de pensamiento más correctos y precisos. Esto le enseñará al niño que no es una persona mala o inmoral simplemente por equivocarse en algo o por estar en desacuerdo con alguien.
Solución n.º 4: Reducir la supervisión en los colegios
Los colegios deberían dar mayor importancia al recreo, con menos supervisión por parte de los adultos. Si bien es necesario velar siempre por la seguridad de los niños, el concepto de «seguridad» debería limitarse exclusivamente a la seguridad física . Los responsables de los colegios también deberían restringir estrictamente el uso de dispositivos electrónicos en las instalaciones escolares, ya que se ha demostrado que perturban el proceso de aprendizaje y aumentan la ansiedad y la depresión.
Solución n.º 5: Defender la libertad académica
Las universidades pueden asumir un compromiso más firme con la libertad académica eliminando los códigos de conducta sobre la libertad de expresión en el campus. Los administradores y rectores universitarios también deberían mostrarse más dispuestos a plantar cara a la indignación de los estudiantes. Si bien es cierto que los manifestantes tienen derecho a expresar su oposición a las ideas de un ponente, no tienen derecho a impedir que otros escuchen un discurso o una conferencia en el campus.
La búsqueda de la sabiduría
En última instancia, la educación superior debe centrarse en el fomento de la sabiduría. La verdadera sabiduría reside en explorar nuevas ideas, cuestionar las ortodoxias arraigadas y tener la fortaleza intelectual necesaria para rechazar las ideas erróneas y aceptar nuevos conocimientos. Este compromiso con la sabiduría y la verdad es la verdadera justicia social, y es lo que reportará el mayor bien, tanto para los estudiantes como para la sociedad a la que pertenecen.
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