Resumen en PDF:Homo Deus, de Yuval Noah Harari
Resumen del libro: Descubre los puntos clave en cuestión de minutos.
A continuación se muestra un avance del resumen del libro *Homo Deus*, de Yuval Noah Harari, elaborado por Shortform. Lee el resumen completo en Shortform.
Resumen de «Homo Deus» en un PDF de una página
Durante milenios, la humanidad se enfrentó a tres graves problemas —la hambruna, las plagas y la guerra— que provocaron la muerte de millones de personas y el auge y la caída de imperios mundiales. La gente hacía frente a estos problemas y respondía a las preguntas de la vida a través de la religión. Sin embargo, en la era moderna ya no dependemos de la oración: hemos superado en gran medida estos tres problemas gracias al desarrollo de la tecnología y los conocimientos médicos.
En *Homo Deus*, Yuval Noah Harari, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, imagina un futuro en el que la tecnología sustituye a los ideales humanistas y al gobierno liberal. Al analizar los conceptos de religión, inmortalidad y tecnología, Harari sostiene que el mundo del futuro podría estar gobernado por algoritmos avanzados e inteligencia artificial, y no por seres humanos.
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Las narrativas religiosas, incluidas las difundidas por el liberalismo, constan de tres partes:
- Juicios éticos: afirmaciones que establecen lo que está bien y lo que está mal, como «el asesinato está mal».
- Afirmaciones «objetivas»: afirmaciones que recurren a textos religiosos, a la historia o a una perspectiva científica para presentar algo como un hecho, como por ejemplo: «Dios dijo: “No matarás”». Nota: Estas afirmaciones no siempre son un hecho objetivo . A menudo ofrecen una perspectiva que se presenta como un hecho. Ejemplos de afirmaciones «fácticas» son: «La vida comienza en el momento de la concepción» o «Jesucristo es el Hijo de Dios». Aunque estas afirmaciones son fácticas para los seguidores de la religión, no son demostrables científicamente.
- Directrices: afirmaciones que combinan juicios éticos y datos objetivos para orientar a los seguidores en una dirección concreta, como por ejemplo: «Los cristianos deben estar a favor de la vida».
Como ideología, el liberalismo sostiene que la libertad es más importante que la igualdad (juicio ético), ya que los seres humanos poseen libre albedrío y una voz única y singular («afirmación objetiva»). Por lo tanto, el gobierno debería valorar las perspectivas individuales de sus ciudadanos (directriz). Sin embargo, estudios científicos recientes ponen de manifiesto las deficiencias de la afirmación «objetiva» del liberalismo a través de investigaciones que cuestionan los dos conceptos liberales fundamentales: el libre albedrío y el individualismo.
1) Libre albedrío
Durante siglos, los seres humanos han creído que poseen el poder de tomar sus propias decisiones. Sin embargo, la neurociencia y las investigaciones sobre el mapeo cerebral ponen en tela de juicio la teoría del libre albedrío.
Los procesos electroquímicos del cerebro son subconscientes, lo que significa que los seres humanos no tienen control sobre el sistema neuronal que genera los pensamientos o las acciones. Cuando los estímulos externos provocan una reacción en el cerebro, el cuerpo humano responde de forma natural a las interacciones eléctricas y químicas. Por ejemplo, uno no decide enfadarse . La ira surge de forma natural como respuesta del cuerpo a un estímulo externo.
Estas reacciones pueden ser deterministas o aleatorias, pero nunca son «libres»:
- Una reacción determinista es la respuesta directa del cerebro a un estímulo externo. Por ejemplo, si accidentalmente pones la mano sobre una sartén caliente, las señales eléctricas del cerebro te indicarán que retires la mano.
- Una reacción aleatoria es el resultado de un acontecimiento impredecible en el cerebro, como la desintegración de un átomo o el disparo erróneo de un impulso eléctrico. Por ejemplo, tu cerebro puede provocar que te estremezcas accidentalmente tras disparar un impulso de forma aleatoria.
2) Individualismo
Los liberales también creen en el individualismo, o en que los seres humanos tienen una «voz singular y única» que los guía hacia sus verdaderos objetivos. Sin embargo, los investigadores han descubierto que el comportamiento humano no tiene nada que ver con una «voz singular y única». Más bien, el pensamiento humano viene dictado por las interacciones entre los dos hemisferios del cerebro, que crean dos versiones de la experiencia humana: el yo que experimenta y el yo que narra:
- El yo experiencial: normalmente controlado por el hemisferio derecho, el yo experiencial procesa la información momento a momento. La mayoría de la gente asocia este «yo» con el instinto. Por ejemplo, si te das un golpe en la cabeza con el marco de una puerta, el yo experiencial te haría llevarte la mano a la cabeza, comprobar si sangras y sentir el dolor del impacto.
- El yo narrador: Normalmente controlado por el hemisferio izquierdo, el yo narrador intenta racionalizar los comportamientos pasados y justificar las decisiones futuras. La mayoría de las personas asocian este «yo» con la identidad. Por ejemplo, si te das un golpe en la cabeza con el marco de una puerta, tu yo narrador puede racionalizar tu torpeza atribuyéndola al cansancio, al tiempo que te hace ser más consciente del marco de la puerta durante los días siguientes.
Ambos «yos» interactúan para crear una perspectiva y orientar la toma de decisiones. El «yo» que vive la experiencia puede respaldar o frustrar los planes del «yo» que narra. Por ejemplo, si decides ponerte a dieta, puede que una noche el «yo» que vive la experiencia no tenga ganas de cocinar, lo que te lleve a pedir una pizza en su lugar.
Por otro lado, el yo narrador puede dar sentido a las experiencias del momento. Por ejemplo, alguien que ayuna antes de una operación quirúrgica se sentirá de forma diferente a alguien que ayuna por motivos religiosos. Aunque ambos sienten hambre, sus yos narradores crean perspectivas que determinan la forma en que responden a ese hambre.
El futuro del liberalismo
A medida que los conceptos de libre albedrío e individualismo siguen siendo cuestionados, hay tres posibles tendencias que podrían acabar con el liberalismo en el siglo XXI:
- La pérdida de utilidad militar y económica
- El auge de los algoritmos de toma de decisiones
- La creación del «superhombre»
La pérdida de utilidad militar y económica
La primera posibilidad es que la tecnología haga que los seres humanos dejen de ser necesarios para la economía y el ejército, lo que llevaría a los sistemas políticos y económicos a restar importancia a la perspectiva humana. Hoy en día, un solo especialista en drones puede realizar el trabajo de un equipo de soldados, y un brazo mecánico puede trabajar en la cadena de montaje sin cansarse. Por ello, las masas no tendrán tanto que aportar a los sistemas económicos y políticos.
Si las máquinas sustituyen a los seres humanos, ¿tendrá algún valor la experiencia humana? Muchos expertos sostienen que no. De hecho, algunos predicen que los ordenadores inteligentes podrían considerar a la humanidad como algo inútil y una amenaza para su superioridad tecnológica, lo que les llevaría a erradicarla por completo.
El auge de los algoritmos de toma de decisiones
La segunda posibilidad prevé que, algún día, los algoritmos (reglas aplicadas por ordenadores) tomarán decisiones por nosotros. El liberalismo se basa en el individualismo y en la creencia de que los seres humanos saben cosas sobre sí mismos que nadie más puede descubrir.
Sin embargo, a medida que la tecnología siga avanzando, es posible que los investigadores logren desarrollar un algoritmo capaz de procesar más información que el cerebro humano, lo que le permitiría comprender a las personas mejor de lo que ellas mismas se conocen. Si esto ocurre, la gente empezará a confiar en algoritmos externos para guiar su comportamiento, en lugar de en su voz interior. Con el tiempo, a medida que los algoritmos adquieran más poder y control, podrían desarrollar autonomía, tomando decisiones por sí mismos y manipulando a los seres humanos para que tomen determinadas decisiones.
La creación del «superhombre»
La última posibilidad prevé que la humanidad valorará las experiencias individuales de los «superhumanos» por encima de las del ciudadano de a pie. Es probable que la creación de «superhumanos» sea el resultado de que un pequeño grupo de élite mejore sus cuerpos y cerebros mediante la biotecnología, creando así una casta biológica más poderosa.
El liberalismo no puede sobrevivir con la desigualdad biológica, ya que las experiencias de los «superhumanos» y las de los humanos serán intrínsecamente diferentes e incompatibles. Por ejemplo, si a un «superhumano» se le implanta un chip en el cerebro que le permite acceder a datos de Internet, su forma de percibir el mundo será completamente diferente a la de un ser humano medio.
El futuro: las tecnoreligiones
Si el liberalismo desaparece, surgirán otras religiones para ocupar su lugar. Debido al creciente impacto de la tecnología, es probable que estas se centren en ella, creando una nueva forma de creencia: la tecnoreligión. Las tecnoreligiones prometen la guía y la salvación de las religiones tradicionales, pero utilizan la tecnología para generar felicidad en lugar de la fe en seres celestiales.
Las «tecno-religiones» pueden dividirse en dos categorías:
- Tecnohumanismo: la creencia de que el Homo sapiens debe utilizar la tecnología para crear al Homo deus, garantizando así que la humanidad mantenga su superioridad en la Tierra.
- Dataísmo: la creencia de que el Homo sapiens ha llegado al final de su ciclo y debe ceder el relevo a algoritmos avanzados.
Tecnohumanismo
El tecnohumanismo mantiene muchas de las creencias humanísticas tradicionales, pero acepta que el Homo sapiens no tiene cabida en el futuro. Debido al ritmo de avance de la inteligencia artificial, los tecnohumanistas creen que la humanidad debe centrarse en mejorar la mente humana si desea competir con algoritmos externos avanzados.
La perspectiva tecnohumanista guarda una estrecha relación con los humanistas evolutivos del siglo XX. Sin embargo, mientras que los humanistas evolutivos como Hitler creían que el ser humano superior solo podía surgir mediante la cría selectiva y la erradicación de los seres «inferiores», los tecnohumanistas se esfuerzan por alcanzar la siguiente fase de la evolución de forma pacífica, recurriendo a la ingeniería genética, la integración entre el ser humano y la máquina y la nanotecnología.
Los rasgos humanos del futuro
Históricamente, los rasgos humanos han evolucionado de forma natural a través de los cambios en los entornos políticos y sociales. Por ejemplo, es probable que los humanos primitivos tuvieran un sentido del olfato más desarrollado que les permitía cazar. Sin embargo, los humanos modernos ya no necesitan un sentido del olfato tan agudo para sobrevivir. Por este motivo, las áreas del cerebro que antes se utilizaban para procesar los olores han evolucionado para centrarse en la resolución de problemas, el pensamiento crítico y la comprensión.
Es probable que, en el futuro, los seres humanos sigan evolucionando en función de las necesidades políticas y sociales, pero de una forma más directa e inmediata. Si los tecnohumanistas logran mejorar a la humanidad, quienes controlen la tecnología serán quienes decidan qué rasgos son útiles y cuáles no, para luego desarrollar tecnología destinada a mejorar o erradicar determinados sentimientos o comportamientos.
Amenazas al tecnohumanismo
Dado que el tecnohumanismo es un movimiento humanista, hace hincapié en la importancia del deseo humano. Sin embargo, el progreso tecnológico pretende controlar el deseo humano, no escucharlo. Por ejemplo, si los investigadores descubrieran una forma de regular fácilmente los desequilibrios químicos en el cerebro, podrían encontrar la manera de «desactivar» trastornos mentales como la depresión y la ansiedad.
Sin embargo, si esta tecnología cayera en manos malintencionadas, hipotéticamente alguien podría crear una población obediente (pero feliz). Llevando esto un paso más allá, si una IA tomara el control de la tecnología, el comportamiento de esa población ya no estaría determinado en absoluto por los seres humanos.
Dataísmo
Mientras que algunos se aferran a los ideales del humanismo, otros han recurrido a una versión más extrema de la tecnoreligión: el dataísmo. El dataísmo se basa en la creencia de que el universo está conectado por el flujo de datos y de que el valor de cualquier cosa, ya sea humana o de otro tipo, puede determinarse por su capacidad para procesar datos.
Según el dataísmo, las experiencias humanas no tienen valor y el Homo sapiens no es un precursor del Homo deus. Los dataístas creen que la supremacía de la humanidad ha llegado a su fin porque los algoritmos orgánicos ya no pueden procesar la cantidad de datos que circula por el universo. El futuro requiere un sistema más complejo, capaz de procesar la información de forma más eficiente que la mente humana.
Para lograrlo, los «dataistas» quieren trabajar con la IA para crear el «Internet de todas las cosas», un sistema de procesamiento de datos que lo abarque todo y que se extenderá por toda la galaxia, si no por todo el universo. Este sistema adquiriría características divinas, estando en todas partes a la vez y moldeando el cosmos a su antojo. Con el tiempo, la humanidad se fusionaría con este sistema, entregándose a esa entidad omnisciente.
La contribución humana
A medida que el «Internet de todas las cosas» empieza a tomar forma, la fuente de significado y autoridad ha comenzado a desplazarse del individuo al sistema global de procesamiento de datos. Dado que el significado se atribuye al sistema omnisciente, las experiencias humanas solo tienen valor si contribuyen a ese sistema.
Según el «dataísmo», lo único que hace que la humanidad sea superior a otros animales es su capacidad para compartir información directamente con el sistema. Aunque tanto los perros como las personas aportan datos, los perros no pueden escribir una entrada de blog ni buscar en Google. A medida que Internet sigue creciendo, los seres humanos se están convirtiendo en pequeños contribuyentes de un sistema gigantesco que nadie comprende del todo.
El futuro del dataísmo
El paso de un modelo centrado en el ser humano a uno centrado en los datos llevaría al menos varias décadas, si no varios siglos. Al igual que la revolución humanista tardó en desarrollarse, los elementos del dataísmo empezarán a surgir junto con las perspectivas contemporáneas, adaptando poco a poco la vida humana a un sistema de procesamiento centralizado y externo.
En un principio, es probable que los movimientos dataístas se extiendan apelando a los ideales humanistas. Es posible que los seres humanos trabajen en la creación de un «Internet de todas las cosas» con la esperanza de que este pueda seguir mejorando la búsqueda de la humanidad de la salud, la felicidad y el poder. Sin embargo, una vez creada la entidad omnisciente, es probable que los proyectos humanistas queden relegados a un segundo plano, convirtiendo a los seres humanos en simples engranajes del funcionamiento de una máquina mucho más grande.
Con el tiempo, el «Internet de todas las cosas» podría desarrollar «engranajes» más eficientes que sustituyan a los seres humanos, llegando a considerarlos irrelevantes en el gran esquema del universo. Aunque los humanos intenten atribuirse el mérito de la creación del «Internet de todas las cosas», es posible que acaben desapareciendo en el tiempo y que, en última instancia, se les considere solo un pequeño parpadeo en el flujo casi infinito del tiempo y los datos.
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