Resumen en PDF:Conversaciones difíciles, por Douglas Stone, Bruce Patton y Sheila Heen
Resumen del libro: Descubre los puntos clave en cuestión de minutos.
A continuación se muestra un avance del resumen del libro «Conversaciones difíciles», de Douglas Stone, Bruce Patton y Sheila Heen, elaborado por Shortform. Lee el resumen completo en Shortform.
Resumen en PDF de una página sobre «Conversaciones difíciles»
Las conversaciones difíciles son una constante a lo largo de la vida, tanto en el trabajo como en casa y en el mundo. Nunca las superamos, ni conseguimos un ascenso que nos libre de ellas, ni conocemos a alguien tan perfecto para nosotros que nos evite tenerlas.
Sin embargo, las conversaciones difíciles, si las abordamos con éxito, son el sello distintivo de una relación sana. De hecho, el éxito y la perdurabilidad de cualquier relación, ya sea profesional o personal, dependen de la capacidad de las personas implicadas para manejar con destreza las conversaciones difíciles. El libro «Conversaciones difíciles» te ayudará a pedir ese aumento de sueldo, a abordar temas delicados con tu pareja, a comprender mejor a tus hijos y a llegar al fondo de tu disputa con el vecino.
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Por eso, debemos reflexionar sobre nuestros sentimientos antes de enfrentarnos a una conversación difícil. Como a todos nos resultan cómodas algunas emociones y otras nos incomodan, suele haber sentimientos ocultos bajo aquellos que admitimos sin reparos. Tenemos que aprender a profundizar en nuestros sentimientos y practicar la identificación y el análisis de todas las emociones que nos surgen en situaciones difíciles. Una vez que lo hagamos, podremos empezar a analizar, por nuestra cuenta, por qué surgen estos sentimientos, qué experiencias pasadas y desencadenantes actuales los provocan, y si las historias que nos contamos a nosotros mismos sobre la situación actual son justas o se basan en la realidad.
La conversación sobre la identidad
En una conversación difícil y tensa, tendemos a ver nuestra identidad en términos de «todo o nada»: por ejemplo, si hacemos daño a alguien, pensamos que somos malas personas; o, por el contrario, creemos que somos buenas personas y que las quejas de la otra persona sobre nosotros no tienen fundamento. En general, los problemas de identidad giran en torno a tres preguntas tácitas:
- ¿Soy capaz?
- ¿Soy una buena persona?
- ¿Soy digno de ser amado?
En las conversaciones difíciles, a todos nos preocupa que la respuesta a cada pregunta sea «no».
La postura «y»
El antídoto contra esta versión perjudicial del «diálogo sobre la identidad» consiste en desarrollar una identidad más sólida. Los seres humanos somos complejos: nadie es totalmente bueno ni totalmente malo. Todos cometemos errores, todos tenemos intenciones complejas y todos seguimos siendo dignos de amor.
La postura «y» nos permite matizar nuestra identidad y reconocer nuestra complejidad al aceptar las contradicciones. Eres una buena persona y has herido los sentimientos de alguien. Eres competente y esta vez has cometido un error. Eres digno de amor y hay cosas en las que puedes trabajar para ser una mejor persona. Eres un buen jefe y tienes que despedir a un empleado con mucha antigüedad. Eres un buen marido y últimamente no has prestado atención a los sentimientos de tu mujer. Adoptar la postura «Y» nos ayuda a romper con las identidades de «todo o nada» y a basar nuestra identidad en la realidad en lugar de en absolutos.
Pautas para mantener una conversación difícil
Una vez que seas consciente de las «metaconversaciones» y de las mejores formas de abordarlas, podrás empezar a manejar la conversación difícil en su conjunto. A continuación te ofrecemos algunos consejos básicos y formas de replantear la situación que te ayudarán a llevar a cabo la mejor conversación difícil posible.
Sustituye la certeza por la curiosidad
En lugar de entrar en la conversación convencido de que tienes razón, de que la otra persona tenía malas intenciones o de que la conversación va a salir bien, céntrate en sentir curiosidad por la situación. ¿Cuál es la versión de la otra persona? ¿Cómo interpreta los hechos que ocurrieron? ¿Cómo ve tus aportaciones? ¿Qué, en su opinión, mejoraría la situación? Cuanta más curiosidad tengas por su punto de vista, menos acusatorio serás respecto a lo ocurrido y más espacio tendrá la otra persona para participar contigo y ayudarte a encontrar una solución viable.
Distinguir entre la intención y el impacto
Las acciones de los demás nos hacen sentir de determinada manera en función de nuestras experiencias pasadas y de nuestra carga emocional personal. Cuando nos sentimos heridos o molestos, nuestro primer impulso suele ser dar por sentado que la otra persona quería que nos sintiéramos así. Esto rara vez es así. El hecho de que alguien haya herido tus sentimientos (consecuencia) no significa que eso fuera lo que pretendía (intención). Siempre nos apresuramos a suponer que los demás tienen malas intenciones, aunque nos damos mucha libertad cuando nosotros hacemos daño a alguien porque sabemos que esa no era nuestra intención.
Dar por sentado que alguien ha querido hacerte daño influirá en la forma en que lo ves y afectará al desarrollo de una conversación difícil. La mayoría de nosotros asociamos las malas intenciones con las malas personas, y somos mucho menos propensos a sentir curiosidad, a ser comprensivos o a aceptar el punto de vista de la otra persona si la vemos como una mala persona, en lugar de como una buena persona que ha cometido errores.
Sé un buen oyente
Saber escuchar es una habilidad sumamente importante en una conversación difícil. Una de las quejas más habituales que reciben los autores sobre las conversaciones difíciles es que la otra persona no escucha. Esto significa, en realidad, que debemos mejorar nuestra capacidad de escuchar si queremos que los demás nos escuchen de verdad.
Los seres humanos anhelamos que nos escuchen y nos comprendan. ¿Te has fijado en la frecuencia con la que la gente se repite o se obstina en un argumento durante una conversación difícil? Es una señal inequívoca de que no se sienten escuchados y de que no perciben que la otra persona esté tratando de empatizar con su punto de vista. Asegurarte primero de que tu interlocutor se sienta escuchado, comprendido y aceptado hará que le resulte más fácil escuchar tu punto de vista.
Si nos cuesta escuchar a alguien, suele significar que estamos absortos en nuestra propia voz interior. Nuestra voz interior, o diálogo interno, no deja de sonar en ningún momento; pero durante una conversación difícil, nuestra voz interior suele gritar sobre las tres metaconversaciones. Una vez que comprendas esas tres conversaciones y hayas trabajado tus propias aportaciones, sentimientos e identidad, tu voz interior se calmará y podrás escuchar mejor.
Tres cosas que puedes hacer para ser un buen oyente:
- Haz preguntas con el objetivo de aprender, en lugar de intentar demostrar que tienes razón.
- Refrasa sus respuestas para demostrar que les estás escuchando y que intentas comprenderles.
- Reconoce sus sentimientos, lo que puede implicar que prestes atención a lo que no se dice en la conversación.
Las conversaciones difíciles son, en realidad, oportunidades para resolver problemas, y la resolución de problemas es un trabajo en equipo. Para llegar a la mejor solución, se necesita la colaboración de ambos o de todas las personas implicadas en una conversación difícil, y para llegar a esa solución será necesario que primero superen esa conversación difícil. Una vez que hayas hecho los deberes con las tres metaconversaciones y hayas cambiado tu forma de abordar la conversación difícil en su conjunto, podrás cumplir con tu parte y ayudar a la otra persona a participar mejor.
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