Resumen en PDF:Ven tal y como eres, por Emily Nagoski
Resumen del libro: Aprenda los puntos clave en cuestión de minutos.
A continuación se muestra un avance del resumen del libro «Come As You Are», de Emily Nagoski, elaborado por Shortform. Lee el resumen completo en Shortform.
Resumen de una página en PDF de «Come As You Are»
En Come As You Are, la autora Emily Nagoski utiliza la investigación científica y sus años de experiencia como educadora sexual para cambiar la forma negativa en que las mujeres hablan, piensan y sienten sobre su sexualidad debido a años de desinformación y mensajes culturales dañinos en torno al sexo. Argumentando que una perspectiva científica sobre la sexualidad puede liberar a las mujeres de estándares poco realistas y ayudarlas a apreciar sus experiencias individuales, Nagoski considera la sexualidad desde todos los ángulos biológicos, al tiempo que disipa los conceptos erróneos culturales.
En esta guía, seguiremos la exploración de Nagoski de temas que van desde la anatomía básica y la mecánica de la respuesta sexual hasta las experiencias individuales de excitación, deseo y orgasmo. A medida que discutamos cada uno de estos conceptos, compararemos los argumentos de Nagoski con los de otros expertos en su campo, discutiremos investigaciones adicionales sobre la sexualidad humana y añadiremos contexto histórico y cultural a sus ideas.
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Características de los estilos de apego
Aunque Nagoski identifica los tres tipos de estilos de apego, no analiza las características generales de cada uno de ellos ni cómo estos dan lugar a un tipo específico de comportamiento sexual.
Según el libro Attached, las personas con un estilo de apego seguro son parejas cariñosas que se sienten cómodas con la intimidad y la comunicación. Estas características conducen de forma natural a una vida sexual más sana y placentera, ya que tener una relación cercana y vulnerable con tu pareja facilita experimentar placer durante el sexo.
Por otro lado, las personas con un estilo de apego ansioso sufren de baja autoestima y se preocupan constantemente por el estado de su relación. Por ello, tienden a recurrir a cualquier medio a su alcance para sentirse más unidas a su pareja —incluido el sexo— y su miedo puede convertir el sexo en algo emocionalmente doloroso en lugar de placentero.
Por último, las personas con un estilo de apego evitativo se muestran emocionalmente distantes y se sienten amenazadas por la intimidad. No les gusta hablar de sus sentimientos y tienen una marcada preferencia por la autonomía. Es precisamente esta inclinación hacia la independencia y el rechazo de la intimidad emocional lo que, en última instancia, conduce a relaciones sexuales menos frecuentes y más esporádicas.
El impacto negativo del contexto cultural
Según Nagoski, el contexto cultural también influye en nuestra vida sexual. Seamos conscientes de ello o no, la cultura dicta nuestras creencias e ideales, incluida nuestra forma de percibir el sexo. Las mujeres, en particular, crecen escuchando muchos mensajes negativos sobre el sexo, lo que genera sentimientos profundamente arraigados de vergüenza y miedo que pueden resultar perjudiciales para su experiencia sexual y su bienestar.
(Nota breve: Los hombres también desarrollan sentimientos de vergüenza debido a los mensajes culturales negativos. Las investigaciones demuestran que hay varios factores que contribuyen a la vergüenza sexual de los hombres, entre ellos la angustia por su inexperiencia sexual, la culpa por la masturbación y el consumo de pornografía, la insatisfacción con su cuerpo y la inseguridad sobre su rendimiento sexual, entre otros).
Los efectos del contexto cultural
Nagoski afirma que el impacto negativo del contexto cultural se hace especialmente patente en la autocrítica internalizada y el rechazo sexual de las mujeres, lo que puede tener efectos perjudiciales a largo plazo sobre su sexualidad, debido a su tendencia a generar estrés e inhibir la respuesta sexual.
Autocrítica
El primer efecto negativo del contexto cultural que identifica Nagoski es la autocrítica, que suele manifestarse en forma de críticas hacia el propio cuerpo. Nagoski afirma que la práctica de la autocrítica está tan profundamente arraigada en nuestra cultura que, cuando las niñas llegan a la pubertad, ya han empezado a interiorizar la costumbre de avergonzarse de su cuerpo. Incluso antes de alcanzar la edad adulta, la autoestima de las niñas se ve gravemente mermada.
(Nota breve: El aumento del uso de las redes sociales en los últimos años por parte de niños y adolescentes ha contribuido en gran medida a este problema. Un estudio realizado por Facebook, por ejemplo, reveló que Instagram agrava los problemas de imagen corporal en 1 de cada 3 chicas.)
Además, nuestra cultura ha creado una realidad en la que las niñas se preocupan por su peso desde una edad temprana. Nagoski afirma esto porque los medios de comunicación convencionales, e incluso algunos académicos, equiparan un peso más bajo y la delgadez con la salud y la belleza. Por ello, añade Nagoski, innumerables niñas y mujeres desean perder peso para mejorar su salud o su aspecto y, en algunos casos, llegan incluso a desarrollar trastornos alimentarios.
(Nota breve: Aunque Nagoski se centra en los medios de comunicación y el mundo académico como principales fuentes del miedo de las mujeres a engordar (y, por consiguiente, de los trastornos alimentarios), no son los únicos culpables. Las dinámicas familiares o la presión de grupo también pueden provocar miedo a ganar peso. Por ejemplo, si has crecido con una madre que se preocupaba constantemente por su peso, es probable que hayas interiorizado esos mismos miedos.)
Repulsión sexual
Nagoski nos explica que otro efecto negativo del contexto cultural es el asco sexual. Afirma que el asco sexual es una respuesta de rechazo que tenemos hacia aspectos relacionados con el sexo que estamos condicionados a considerar repugnantes. Nagoski sostiene que nuestra cultura nos ha enseñado a sentir asco ante muchos aspectos naturales del sexo (por ejemplo, el sonido de un «queef», que es la expulsión de aire por la vagina). (Nota de Shortform: Aquí, Nagoski presenta el asco como una reacción negativa que perturba nuestro disfrute sexual. Sin embargo, en otros casos, nuestra respuesta de asco sexual nos ayuda a evitar comportamientos sexuales destructivos como el incesto, la violación y la pedofilia.)
Es más, añade Nagoski, las investigaciones demuestran que las mujeres son más sensibles al asco aprendido que los hombres, especialmente en lo que respecta a los desencadenantes relacionados con el sexo. Y, dependiendo de la mujer, basta con un solo estímulo relacionado con el sexo y presentado de forma negativa para que su cerebro lo clasifique como repugnante. (Nota de Shortform: Si bien es cierto que las mujeres son más sensibles al asco aprendido, las investigaciones aún no han proporcionado una respuesta concluyente sobre por qué ocurre esto, aunque existen algunas teorías. Una posible explicación es que las mujeres tienen más posibilidades de reproducirse cuando evitan cosas que podrían contagiarles a ellas o a sus hijos alguna enfermedad.)
Excitación subjetiva frente a respuesta genital
Según Nagoski, otro factor importante que influye en nuestra sexualidad es la excitación. En concreto, señala que nuestra experiencia subjetiva de la excitación y la respuesta genital no siempre coinciden, un fenómeno denominado «discrepancia».
Para ilustrarlo con un ejemplo, imagina que estás viendo una escena de sexo en una película. La escena no te atrae porque no te parecen atractivos los actores. A pesar de ello, te das cuenta de que te excitas físicamente al ver el sexo en la pantalla.
(Nota breve: Aunque aquí Nagoski se refiere exclusivamente a la falta de concordancia en el ámbito sexual, en una charla TED sobre el tema señaló que este fenómeno también puede darse en situaciones no sexuales. Por ejemplo, podemos morder un bocado de comida que nos parece repugnante y, aun así, experimentar la respuesta física de la salivación, lo que suele indicar que la comida nos resulta apetecible.)
Nagoski señala que las investigaciones revelan diferencias notables en la frecuencia de la falta de concordancia entre ambos sexos, aunque es algo habitual en ambos. Los hombres experimentan falta de concordancia aproximadamente en el 50 % de los casos; en el caso de las mujeres, esa cifra se eleva hasta alrededor del 90 %.
(Nota breve: Las diferencias observadas entre la excitación masculina y la femenina pueden deberse a una comparación errónea entre sus genitales. Muchos estudios han comparado a ambos sexos midiendo la respuesta del pene y la vagina. Sin embargo, como señaló Nagoski anteriormente, el equivalente al pene es el clítoris, no la vagina. Las investigaciones preliminares que miden la respuesta del clítoris sugieren que la respuesta física y la excitación subjetiva de las mujeres podrían coincidir en mayor medida de lo que se pensaba.)
Mitos comunes sobre la no concordancia
A pesar de que la falta de concordancia es muy habitual, Nagoski sostiene que la sociedad sigue difundiendo mucha información errónea sobre la relación entre la experiencia subjetiva y la respuesta genital.
Por ejemplo, afirma que nuestra cultura nos da la falsa impresión de que la respuesta genital equivale automáticamente al placer sexual (como cuando las mujeres y los hombres en los medios de comunicación dicen «estoy muy mojada» y «estoy muy excitado» para expresar que están excitados). Sostiene que la razón de este concepto erróneo es que los hombres —que experimentan menores niveles de falta de concordancia— se consideran el estándar, lo que crea la expectativa de que la coincidencia entre la respuesta genital y la experiencia subjetiva debería ser la norma para todo el mundo.
(Nota breve: Aunque Nagoski basa su argumento en el hecho de que los hombres experimentan menores niveles de falta de concordancia, algunos científicos han cuestionado si las investigaciones que respaldan esta afirmación han obtenido resultados precisos. Sugieren que ciertas deficiencias metodológicas podrían haber distorsionado las estimaciones de concordancia tanto en hombres como en mujeres. Entre ellas se incluyen posibles problemas relacionados con los estímulos sexuales elegidos por los investigadores, las medidas de autoinforme, las evaluaciones de la excitación genital, los métodos estadísticos o las características de los participantes, como la edad y los niveles hormonales.)
Dado que la desinformación sobre la falta de sincronización es tan frecuente en nuestra cultura, Nagoski sugiere que las mujeres tal vez deban abordar este tema de forma explícita en sus relaciones. Una forma de hacerlo es tranquilizar a tu pareja asegurándole que la falta de sincronización es normal y que estás perfectamente sana. ( Nota de Shortform: Aunque Nagoski no da más detalles sobre cómo transmitir esta tranquilidad, una estrategia podría ser señalar que los hombres también experimentan falta de sincronización, como cuando tienen erecciones en situaciones inapropiadas o mientras duermen.)
Comprender el deseo
El siguiente aspecto de la sexualidad que vamos a explorar es el deseo. Nagoski nos explica que la mejor forma de entender el deseo es considerarlo el resultado de la interacción entre el contexto y lo que nos resulta placentero. En otras palabras, dependiendo de los factores contextuales en un momento dado, podemos encontrar o no algo lo suficientemente placentero como para querer más (tal y como se explica en el capítulo 3). Según Nagoski, el grado exacto de placer que una persona necesita sentir antes de experimentar deseo depende de cada individuo.
(Nota de Shortform: Aunque Nagoski reconoce que cada persona tiene un umbral de deseo diferente, no aborda los casos en los que las personas no experimentan ningún tipo de deseo. Por ejemplo, algunas personas se identifican como asexuales, lo que significa que sienten poca o ninguna atracción sexual hacia otras personas ni desean tener relaciones sexuales. Dependiendo de la persona, la ausencia de deseo puede extenderse más allá: por ejemplo, algunas personas asexuales no sienten ningún deseo de masturbarse ni siquiera de participar en relaciones románticas que impliquen intimidad no sexual.)
Aunque hay grandes diferencias de una persona a otra, Nagoski afirma que, en general, podemos dividir nuestra experiencia del deseo en dos tipos: espontáneo y reactivo.
Deseo espontáneo frente a deseo motivado
Nagoski define el deseo espontáneo como aquel que surge cuando una persona desea mantener relaciones sexuales inmediatamente después de percibir un estímulo sexual, como por ejemplo, sentirse excitada por el aroma del perfume de su pareja. Una persona con un umbral de placer bajo experimentaría este tipo de deseo con mayor facilidad, ya que, por lo general, basta con muy poca estimulación para que quiera más.
(Nota breve: ¿Por qué alguien podría tener un umbral de placer bajo —o, como dirían algunos, una libido alta— y experimentar altos niveles de deseo espontáneo? Según las investigaciones, factores como llegar a la pubertad o a la mediana edad, aumentar la actividad física diaria y reducir los niveles de estrés pueden incrementar los niveles de deseo.)
Por el contrario, Nagoski define el deseo reactivo como aquel que una persona experimenta en respuesta al placer sexual, como la estimulación física que suponen los besos o las caricias. Este tipo de deseo es especialmente habitual entre quienes tienen un umbral más alto, ya que, por lo general, necesitan una mayor intensidad de placer para excitarse.
(Nota breve: Un aspecto que Nagoski no aborda en su análisis es por qué las personas con deseo receptivo siguen optando por iniciar o mantener relaciones sexuales antes de sentir realmente ganas de hacerlo. Una posible respuesta podría ser que, aunque el placer suele ser la motivación principal, existen otras razones por las que alguien puede querer tener relaciones sexuales. Por ejemplo, dado que el sexo implica un alto grado de intimidad, es posible que alguien quiera mantenerlo porque anhela crear un vínculo emocional con su pareja. Otro factor podría ser que el sexo hace que una persona se sienta más atractiva. Además, tener relaciones sexuales podría satisfacer sentimientos de nostalgia por una experiencia sexual que se disfrutó anteriormente.)
Las causas de la falta de deseo
Pero, ¿qué ocurre cuando a las personas les cuesta sentir deseo? Nagoski afirma que la falta de deseo se debe a factores emocionales—como el estrés, la depresión y la falta de autocompasión—que se ven agravados por nuestra cultura sexonegativa y por la incompatibilidad de los tipos de deseo en las relaciones. Con esto se refiere a la dinámica tóxica que a menudo se desarrolla entre parejas con deseo espontáneo y reactivo: la persona con deseo reactivo se siente cada vez más a la defensiva y culpable al rechazar el sexo, y la persona con deseo espontáneo se siente cada vez más frustrada y rechazada al intentarlo.
(Nota breve: La falta de deseo no es la única consecuencia que se deriva de la dinámica tóxica que puede surgir entre parejas con tipos de deseo incompatibles. El aumento de la tensión que se va acumulando a medida que el ciclo continúa también puede afectar negativamente al bienestar emocional de la pareja y a su relación. Por ejemplo, puede hacer que las personas se sientan heridas porque su pareja no atiende sus necesidades, provocar una pérdida de confianza (especialmente en la pareja que se siente constantemente rechazada) y generar una falta de confianza en la relación.)
Todo lo que hay que saber sobre los orgasmos
Ahora que tenemos claro cómo funciona el deseo, pasaremos a hablar de una experiencia sexual relacionada: el orgasmo. Nagoski afirma que, aunque los científicos definen los orgasmos como la liberación culminante de la tensión acumulada durante una experiencia sexual, son mucho más complejos de lo que esta definición sugiere, y cada persona los vive de una manera única. Analicemos esta idea con más detalle.
La verdad sobre los orgasmos
Según Nagoski, aunque mucha gente piensa que los orgasmos son principalmente una respuesta genital, en realidad se deben a lo que ocurre en el cerebro. Es más, las investigaciones demuestran que no existe relación alguna entre nuestra experiencia subjetiva del orgasmo y nuestra respuesta genital (al igual que ocurre con la excitación). En otras palabras, pueden producirse contracciones musculares sin que haya orgasmo, y lo contrario también es cierto.
(Nota breve: Si los orgasmos son algo más que una simple respuesta genital, ¿cuál es exactamente el panorama completo? Mediante el uso de resonancias magnéticas funcionales (fMRI) y tomografías por emisión de positrones (PET) para medir el flujo sanguíneo y la actividad neuronal de personas que experimentan un orgasmo, los científicos han podido observar lo que ocurre en el cerebro durante esta experiencia culminante. Concretamente, han descubierto que se activan múltiples regiones cerebrales distantes y que se liberan diversas hormonas y sustancias neuroquímicas que favorecen el placer, el vínculo afectivo, la reducción del dolor y la relajación).
Además, Nagoski nos explica que, a pesar de que los medios de comunicación suelen presentar los orgasmos como algo puramente placentero, la forma en que los percibimos depende del contexto, al igual que ocurre con otras sensaciones. A menudo los orgasmos son placenteros, pero también pueden resultar frustrantes, dolorosos o incluso pasar prácticamente desapercibidos.
(Nota breve: Aunque Nagoski reconoce el papel que desempeña el contexto en nuestra experiencia del orgasmo, no ofrece ejemplos concretos de qué tipos de contexto influyen en los orgasmos insatisfactorios. Las investigaciones muestran que algunas de las razones más comunes de estas experiencias desagradables incluyen mantener relaciones sexuales para evitar discusiones sobre el sexo, sentirse obligada a alcanzar el orgasmo o mantener relaciones sexuales sin conexión emocional.)
Nagoski también sostiene que, independientemente de la forma en que una mujer alcance el orgasmo, no hay una forma correcta de hacerlo, y ningún tipo de estimulación produce un orgasmo que se sienta intrínsecamente mejor que otro: ya sea a través de la estimulación vaginal, anal, del clítoris, de los muslos, de los senos, del lóbulo de la oreja o incluso mental, el orgasmo simplemente se siente diferente.
(Nota breve: Las nuevas investigaciones sobre el orgasmo femenino podrían poner en duda la afirmación de Nagoski de que ningún orgasmo es intrínsecamente mejor que otro. Los resultados preliminares de un estudio piloto indican que podría haber dos tipos diferentes de orgasmo femenino—clitoriano y vaginal— en lugar de que diferentes tipos de estimulación desencadenen un único tipo de orgasmo. Si esto resultara cierto, se necesitarían más investigaciones para comprender en qué se diferencian exactamente y si uno de ellos podría producir una sensación más placentera que el otro.)
La dificultad de las mujeres para alcanzar el orgasmo
Nagoski insiste en que es importante reconocer que las mujeres, en particular, suelen tener dificultades para alcanzar el orgasmo. De hecho, afirma que esta es una de las razones más comunes para acudir a un tratamiento o terapia de carácter sexual.
(Nota breve: En comparación con las mujeres, los hombres experimentan muchos menos problemas para alcanzar el orgasmo y eyacular. Según los estudios, entre el 1 % y el 4 % de los hombres padecen eyaculación retardada, es decir, tardan 30 minutos o más en eyacular. Además, un estudio de 2009 reveló que los hombres tienen casi un 30 % más de probabilidades de alcanzar el orgasmo que las mujeres.)
Entonces, ¿por qué tantas mujeres parecen tener dificultades? Nagoski afirma que la respuesta suele ser una hiperactivación del SIS debido a emociones negativas como el estrés, la depresión, la ansiedad y la vergüenza. Por ejemplo, si te sientes cohibida por tu cuerpo durante el sexo, eso activa el SIS, lo que te dificulta alcanzar el orgasmo.
(Nota breve: Otro factor importante que contribuye a la dificultad de las mujeres para alcanzar el orgasmo es su falta de conocimiento sobre el clítoris. Un estudio, por ejemplo, reveló que cuanto menos sabe una mujer sobre su clítoris, menos frecuentemente es capaz de alcanzar el orgasmo durante la masturbación.)
Encontrar la confianza y la alegría
Nagoski afirma que, a pesar de toda la nueva información alentadora que podamos aprender sobre nuestra experiencia sexual, eso no se traduce automáticamente en una vida sexual placentera y sin problemas. Sostiene que, para encontrar el verdadero disfrute en el sexo, debemos hallar la confianza y la alegría en nosotros mismos. Define la confianza como creer en lo que sabemos sobre nosotros mismos y nuestra sexualidad, y la alegría como apreciar profundamente esas cosas a pesar de las dudas o decepciones que podamos tener. En otras palabras, primero debemos comprendernos a nosotros mismos antes de poder aceptar y valorar plenamente quiénes somos.
(Nota breve: Aunque la definición de «confianza» de Nagoski coincide con otras perspectivas —como la visión de los psicólogos, que consideran la confianza como la fe que tenemos en nuestras capacidades—, su definición de «alegría» es única en comparación con las demás. Merriam-Webster, por ejemplo, describe la alegría como un sentimiento de felicidad provocado por el éxito o la prosperidad. También se diferencia de las definiciones de otros autores, como la que ofrece Brené Brown en su libro Los regalos de la imperfección. Para Brown, la alegría es la profunda satisfacción que se siente al practicar la gratitud.)
Nagoski también reconoce que estos dos componentes no tienen el mismo peso:la alegría es mucho más difícil de cultivar que la confianza. Esto se debe a que, aunque podamos conocer la verdad sobre algo, es posible que sigamos dudando de su validez o deseando que no fuera cierta. Explica que, cuando hemos interiorizado tanta información errónea y negativa durante tanto tiempo, resulta difícil superarla, por mucho que nuestros nuevos conocimientos la contradigan.
(Nota breve: Si bien es cierto que la frecuencia de los mensajes negativos hace que resulte más difícil rechazarlos, también nos cuesta más ignorarlos debido a nuestra tendencia innata a fijarnos en la información negativa e interiorizarla más que en la positiva, incluso cuando la cantidad de información positiva es mayor. Esto significa que partimos en desventaja a la hora de combatir la desinformación negativa, ya que nuestro cerebro está programado para dar prioridad a ese tipo de información.)
Cómo cultivar la alegría
Afortunadamente, por muy difícil que pueda parecer, Nagoski nos asegura que es posible cultivar la alegría. Una forma de hacerlo es aprendiendo a ser neutrales con nuestro yo interior. Ella dice que no basta con ser simplemente conscientes de cómo nos sentimos, porque esa conciencia suele ir acompañada de un juicio (por ejemplo, pensamientos como «no debería sentirme así»). En cambio, debemos resistir activamente el impulso de juzgarnos a nosotros mismos cuando surgen los sentimientos, para poder crear un entorno de aceptación en lugar de crítica.
(Nota breve: Aunque Nagoski insiste en que nos conviene dejar de juzgarnos a nosotros mismos, no ofrece ninguna recomendación práctica sobre cómo hacerlo. Algunas estrategias que podemos probar son practicar la atención plena, dejar de generalizar en exceso los fracasos puntuales, mostrar agradecimiento por los elogios, centrarnos en nuestras cualidades positivas y practicar la autocompasión.)
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