¿Por qué algunas personas se resisten sin esfuerzo a comer ese segundo pastelito, mientras que otras tienen dificultades para decir que no? Según la psicóloga Kelly McGonigal, la fuerza de voluntad no consiste solo en resistirse a la tentación, sino en elegir la opción más difícil. El secreto reside en la corteza prefrontal del cerebro, que actúa como centro de control de la fuerza de voluntad.
Esta guía explora la neurociencia que hay detrás del autocontrol, basándose en las ideas de McGonigal en The Willpower Instinct y de Baumeister y Tierney en Willpower. Aprenderás cómo la estructura de tu cerebro afecta a tu autocontrol, por qué los niveles de glucosa son importantes para la resistencia mental y qué presiones evolutivas han dado forma a nuestros sistemas de fuerza de voluntad modernos.
Índice
La psicología de la fuerza de voluntad
En su libro El instinto de la fuerza de voluntad, Kelly McGonigal afirma que la mayoría de las personas consideran que la fuerza de voluntad o el autocontrol es la capacidad de resistirse a la tentación. Cuando decimos «no tengo fuerza de voluntad», lo que queremos decir es que no somos capaces de decirnos «no» a nosotros mismos. Creemos que no podemos comer solo una patata frita, sino que nos comeremos toda la bolsa. Creemos que no podemos levantarnos del sofá y dejar de ver Netflix, incluso cuando sabemos que es hora de ir al gimnasio.
Decir «no» a nuestros impulsos es solo la mitad de la ecuación de la fuerza de voluntad. Tenemos que ser capaces de decir «no» a algunas cosas (quizás esa tercera copa de vino o ese segundo pastelito) y «sí» a otras (quizás hacer ejercicio, acostarnos más temprano o comer más brócoli). Ya sea un «sí» o un «no», la fuerza de voluntad suele implicar elegir la más difícil de dos opciones. Acceder a tu fuerza de voluntad significa optar por la opción más difícil en lugar de ceder a lo que parece atractivo en el momento presente.
Cómo evolucionó nuestra fuerza de voluntad
Podría pensarse que la necesidad de fuerza de voluntad es un invento moderno, pero incluso nuestros antepasados de la Edad de Piedra la necesitaban. No solo tenían que buscar comida y evitar a los grandes depredadores, sino que también debían desarrollar las habilidades necesarias para vivir con éxito en tribus muy unidas. Como no estaban bien equipados para sobrevivir por sí mismos, tenían que ser buenos vecinos, padres y compañeros, lo que significaba que necesitaban fuerza de voluntad para controlar sus impulsos. Poseer un fuerte autocontrol les permitía compartir comida, cooperar y colaborar entre ellos para cazar y protegerse. También les ayudaba a elegir parejas adecuadas para la reproducción.
Con el paso del tiempo, las sociedades humanas se hicieron más grandes y complejas, y el autocontrol cobró aún más importancia. Nuestros cerebros tuvieron que desarrollar un sistema de autocontrol más sofisticado para adaptarse a circunstancias sociales más complicadas. La corteza prefrontal del cerebro comenzó a evolucionar, haciéndose más grande y conectándose más estrechamente con otras regiones del cerebro.
Hoy en día, los seres humanos tenemos una corteza prefrontal más grande —en relación con el tamaño de nuestro cerebro— que cualquier otra especie. Controla gran parte de lo que nos llama la atención, lo que pensamos, sentimos y hacemos.
Corteza prefrontal: centro de control de la fuerza de voluntad
Al igual que con otros rasgos humanos, algunas personas tienen una corteza prefrontal más grande y mejor desarrollada que otras, lo que marca una diferencia en su comportamiento. Cuando las personas con una corteza prefrontal más grande piensan en aceptar una segunda ración de postre, su cerebro les recuerda que no es una buena idea y, en cambio, dicen que no. Cuando quieren ir a la playa en lugar de estudiar para los exámenes finales, su corteza prefrontal les recuerda que solo las calificaciones sobresalientes les permitirán ingresar a la facultad de medicina.
Puede que no parezca justo, pero las personas con un córtex prefrontal más grande suelen tener más fuerza de voluntad y, como resultado, llevan una vida más fácil.
La investigación: Los estudios han demostrado que el autocontrol es más importante que el coeficiente intelectual a la hora de predecir el éxito académico. Y los beneficios no se detienen ahí: las personas con un córtex prefrontal más grande tienden a ganar más dinero, a progresar más en sus carreras, a tener relaciones más duraderas, etc.
Cómo funciona la corteza prefrontal
La corteza prefrontal tiene diferentes regiones que realizan las tres funciones de la fuerza de voluntad. Usted consideró estas tres funciones —«quiero», «no quiero» y «deseo»— cuando eligió su reto personal de fuerza de voluntad. Cada región desempeña un papel a la hora de protegernos de nuestros deseos impulsivos. El lado izquierdo se encarga del «quiero». El lado derecho se encarga de «no lo haré». La parte inferior central mantiene un registro de los objetivos y deseos a largo plazo. Cuanto más rápida y eficientemente funcione cada región, más fiable será tu fuerza de voluntad.
Para ilustrar lo importante que es la corteza prefrontal, pensemos en la historia de Phineas Gage, un capataz ferroviario estadounidense de 1848. Gage sufrió una terrible explosión que le destrozó el cráneo y le arrancó parte del cerebro, pero de alguna manera sobrevivió. Los médicos le curaron la cabeza y, en pocos meses, la piel exterior se curó. Pero, debido a la pérdida de la corteza prefrontal, la personalidad de Gage cambió por completo. Antes del accidente, era tranquilo, amable, respetuoso y «poseía una voluntad de hierro». Después del accidente, se volvió malvado, impulsivo y se comportaba «con instintos animales».
La mayoría de nosotros nunca sufriremos este tipo de discapacidad, pero todos nos hemos visto en situaciones en las que nuestra corteza prefrontal se ve comprometida. Si estamos cansados, borrachos o simplemente distraídos, la corteza prefrontal no puede hacer su trabajo de manera eficiente. Eso significa que no podremos acceder a nuestra fuerza de voluntad y seremos más propensos a ceder a los impulsos.
| Desentrañando la ciencia de la fuerza de voluntad En un episodio del podcast Huberman Lab, Andrew Huberman abordó la ciencia de la fuerza de voluntad, especialmente la corteza cingulada anterior (aMCC) y el consumo de glucosa. El papel de la corteza cingulada anterior: La aMCC es una región clave del cerebro que integra la información interna y externa. Enfrentarse a obstáculos activa significativamente la aMCC, lo que subraya su papel central en el autocontrol y la resiliencia. Al funcionar como un centro influenciado por inputs relacionados con diversas funciones cognitivas, la aMCC mejora nuestra fuerza de voluntad cuando más la necesitamos. Huberman destaca cómo la aMCC modula la motivación y el comportamiento críticos para el logro y la autodisciplina. Al arrojar luz sobre la función de la aMCC, el episodio del podcast ofrece una visión de los fundamentos neuronales de la perseverancia ante los retos. |
La dualidad de nuestro cerebro
Algunos científicos dicen que tenemos «un cerebro, pero dos mentes». Una mente busca la gratificación inmediata. La otra mente retrasa la gratificación en aras de objetivos a largo plazo. Nos sentimos en conflicto porque queremos dos recompensas contrapuestas: la felicidad de 30 segundos que nos proporciona comer una magdalena y la felicidad a largo plazo de tener un físico sano y esbelto. Sabemos que no podemos tener ambas cosas, pero eso no nos impide desearlas.
La fuerza de voluntad como forma de energía
En su libro Willpower, Roy F. Baumeister y John Tierney comienzan diciendo que la fuerza de voluntad no es solo una idea abstracta, sino una fuerza real, como la fuerza física.
Al igual que utilizas tus músculos para realizar tareas físicamente exigentes, utilizas la fuerza de voluntad para realizar tareas mentalmente agotadoras, por ejemplo, resistir tentaciones y mantener la concentración en trabajos difíciles o tediosos. La fuerza de voluntad también te ayuda a mantener el autocontrol en situaciones difíciles o angustiosas, como emergencias y discusiones.
(Nota breve: La definición científica de energía es simplemente la capacidad de realizar trabajo. Así, por ejemplo, cuando utilizas tus músculos para mover algo pesado, estás ejerciendo energía cinética. Los autores se toman cierta libertad artística al afirmar que la fuerza de voluntad es una forma similar de energía —no hay forma de observar directamente los efectos de la fuerza de voluntad, como se puede observar el movimiento de un mueble al empujarlo—, pero lo dicen para enfatizar que la fuerza de voluntad es la capacidad de realizar trabajo mental ).
La glucosa es tu fuente de energía (voluntad)
Baumeister y Tierney explican que la fuerza de voluntad, como todo lo demás en tu cuerpo, depende de la glucosa como fuente principal de energía. Esto significa que tu capacidad para ejercer el autocontrol está directamente relacionada con tus niveles de glucosa. Este hecho tiene profundas implicaciones en cómo tu salud física y tus hábitos alimenticios pueden afectar tu fuerza de voluntad.
(Nota breve: La glucosa es una molécula de azúcar simple. Sirve como combustible fundamental que alimenta la vida de casi todos los organismos de la Tierra, no solo los seres humanos. A través de procesos como la fotosíntesis en las plantas y la digestión en los animales, los carbohidratos complejos se descomponen en glucosa. Las células utilizan entonces la respiración celular para metabolizar la glucosa en ATP (adenosín trifosfato), una molécula que almacena y libera energía, la cual impulsa todo, desde la contracción muscular hasta la señalización nerviosa).
Según los autores, las investigaciones han demostrado que las tareas que requieren mucha fuerza de voluntad, como mantenerse concentrado durante largos periodos de tiempo en el trabajo, agotan las reservas de glucosa al igual que lo hace el ejercicio físico. Por eso, por ejemplo, las personas tienden a estar más irritables e impulsivas cuando tienen hambre: sus niveles de glucosa son bajos y, por lo tanto, su autocontrol se ve afectado.
Sin embargo, esta conexión también significa que puedes reponer tu fuerza de voluntad consumiendo alimentos o bebidas que aumenten tus niveles de glucosa. Puede resultar tentador optar por alimentos azucarados y procesados, como dulces y refrescos, pero los autores afirman que estos alimentos solo te proporcionan ráfagas de energía cortas, seguidas de bajones cuando tu nivel de azúcar en sangre vuelve a descender. Las opciones más saludables, como las frutas y los cereales integrales, provocan una liberación de glucosa más estable y sostenida, lo que proporciona un combustible fiable y duradero para tu fuerza de voluntad.
(Nota breve: puedes comprobar cuánta energía te aportará un alimento concreto consultando su índice glucémico (IG). El IG es un sistema de medición que clasifica los alimentos en función de la rapidez con la que elevan los niveles de azúcar en sangre. Las puntuaciones van de cero (sin glucosa) a 100 (glucosa pura). Como afirman los autores, en general es mejor consumir alimentos con un IG bajo, ya que tienden a proporcionar energía fiable a largo plazo en lugar de un rápido aumento del azúcar en sangre. Los alimentos con un IG bajo incluyen verduras sin almidón, como las zanahorias y el brócoli, así como legumbres, como las judías. Por otro lado, la mayoría de los tipos de pan, el arroz blanco, las verduras con almidón, como las patatas, y cualquier alimento con azúcar añadido se consideran alimentos con un IG alto y deben consumirse con moderación).
Más información sobre la fuerza de voluntad
Si este artículo te ha parecido interesante y quieres saber más sobre la fuerza de voluntad, echa un vistazo a las guías completas de los libros mencionados aquí: