Resumen del PDF:No hay partes malas, por Richard C. Schwartz
Resumen del libro: Aprenda los puntos clave en cuestión de minutos.
A continuación se muestra un avance del resumen del libro «No Bad Parts», de Richard C. Schwartz, elaborado por Shortform. Lee el resumen completo en Shortform.
Resumen de una página en PDF de «No Bad Parts»
¿Alguna vez has sentido que una parte de ti te dice una cosa, mientras que otra parte te dice lo contrario? Según el psiquiatra Richard Schwartz, estas voces internas contradictorias no solo son normales, sino que son fundamentales para comprender mejor quiénes somos.
Schwartz es el creador de Internal Family Systems (IFS), una práctica terapéutica basada en la idea de que cada uno de nosotros está compuesto por una compleja red de diferentes «partes», cada una con diferentes necesidades, emociones y deseos. En No Bad Parts, Schwartz ofrece una amplia visión general de IFS, describiendo la teoría que sustenta sus principios básicos y cómo puede ayudar a las personas a vivir una vida más plena.
En esta guía, complementaremos la explicación de Schwartz con el trabajo de otros terapeutas de IFS, al tiempo que destacaremos las críticas al modelo. Situaremos el trabajo de Schwartz en su contexto histórico, mostrando cómo sus ideas se basan en los principios fundamentales de la psicología introducidos por Sigmund Freud y Carl Jung.
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Parte 1: Conoce tu sistema familiar interno
Antes de intentar cambiar nada en nuestro sistema familiar interno, Schwartz recomienda empezar a tomar conciencia de nuestro sistema interno, comenzando por el yo.
El yo
El Yo es el líder del sistema familiar interno: es innatamente sabio, compasivo y paciente. Según Schwartz, el Yo no domina ni socava a nuestras partes, sino que actúa como un «cuidador» de ellas. Schwartz describe al Yo como una figura paterna sana y amorosa cuyo propósito es guiar y nutrir a las partes. A diferencia del resto de las partes de nuestro sistema interno, no podemos observar ni hablar con nuestro Yo porque es la «sede de la conciencia» desde la que experimentamos nuestros mundos interno y externo.
Otras formas de conceptualizar el yo
El terapeuta de IFS Allesio Rizzo ofrece tres descripciones alternativas del yo que pueden resultar familiares a diferentes personas en función de sus sistemas de creencias:
- El enfoque tradicional del IFS describe el Ser como la «ausencia de partes», o lo que queda cuando todas las partes se han retirado, permitiendo que el Ser se manifieste.
- El «yo» también puede entenderse como una especie de «poder superior» interior, similar a Dios en muchas tradiciones religiosas.
- Por último, el «yo» puede describirse como la parte «intacta» de uno mismo: una parte de tu ser que no puede sufrir daño ni verse comprometida y que es capaz de sanar aquellas partes de ti que sí han sido dañadas.
Cuando nos damos cuenta de que nos sentimos abiertos y curiosos, estamos practicando lo que Schwartz denomina «autoliderazgo» o «energía propia». Consideremos el siguiente ejemplo. Es domingo por la noche. Estás cansado y pensando en tomarte la mañana libre en el trabajo. Una parte de ti te dice que necesitas descansar, mientras que otra parte te regaña por holgazanear. Quizás te sientas culpable por querer tomarte la mañana libre o preocupado por lo que dirá tu jefe si te quedas en casa. Estos sentimientos provienen de las partes. Sin embargo, si estás practicando el autoliderazgo, tu Yo sentiría curiosidad por estos deseos aparentemente contradictorios y querría saber más sobre las motivaciones que hay detrás de ellos.
(Nota breve: El autoliderazgo se produce cuando encarnamos las cualidades intrínsecamente buenas del yo: la compasión, la curiosidad, la paciencia y la amabilidad. Aunque desde hace tiempo se debate qué es lo que constituye el núcleo de la naturaleza humana, Schwartz no es el único que piensa que la naturaleza humana es innatamente buena. En Humankind, Rutger Bregman explica cómo los seres humanos han evolucionado para ser amables, y múltiples estudios han demostrado que las personas eligen sistemáticamente la cooperación frente al egoísmo, mostrando incluso una preferencia por la ayuda ya desde la infancia.)
Las piezas
El siguiente paso para conocer tu sistema familiar interno es conocer tus partes.
Cada una de nuestras partes, o subpersonalidades, es una parte de quienes somos. Tienen sus propios objetivos y motivaciones, incluso recuerdos, y distintos niveles de sabiduría, madurez y emotividad. Pueden adoptar diferentes formas o ser una versión más joven de nosotros mismos.
Todas nuestras partes tienen buenas intenciones hacia nosotros, pero a veces pueden quedar atrapadas en roles que las llevan a actuar de forma extrema, improductiva o destructiva. Por ejemplo, alguien que haya sufrido abusos durante la infancia podría tener una parte atrapada en ese lugar traumático y otra parte que, por instinto protector, sabotee sistemáticamente las relaciones íntimas por miedo a salir herida.
Por qué se atascan las piezas
En una obra anterior, *Terapia de los sistemas familiares internos*, Schwartz profundiza en las razones por las que las partes pueden quedarse estancadas en roles improductivos. En ella, expone varias causas fundamentales —que no se abordan en *No hay partes malas*— que pueden impedir que una parte esté dispuesta a renunciar a esos roles.
Razón 1: Esa parte está en conflicto extremo con otra parte. A veces , dos partes están reñidas entre sí y ambas tiran en direcciones opuestas y extremas. Por ejemplo, una parte podría querer cambiar de profesión, mientras que otra se opone rotundamente a arriesgar unos ingresos estables.
Razón 2: Algunas partes pueden quedarse atrapadas en el pasado. Algunas partes están ancladas en un recuerdo o un momento del pasado y necesitan darse cuenta de cómo ha cambiado la vida para poder salir del papel que han asumido.
Razón 3: La parte se activa por su entorno externo. A veces , una parte no abandona un rol si se ve constantemente activada por algún factor de su entorno externo. Por ejemplo, si una persona se encuentra en una situación de inestabilidad económica, es posible que una parte muy reacia al riesgo no esté dispuesta a abandonar ese rol.
Razón 4: La parte tiene dificultades con el terapeuta. A veces , el problema puede ser la propia relación terapéutica. Si una parte no confía en el terapeuta, o siente vergüenza o incomodidad por algo, es poco probable que salga de su papel.
Al igual que ocurre con el conocimiento de nuestro yo, el primer paso para conocer nuestras partes es practicar una mayor conciencia de nosotros mismos. ¿Cuándo surgen ciertas emociones y por qué? Por ejemplo, imagina que tienes planes para cenar con un amigo y este llega 40 minutos tarde. Si una parte de ti siente una profunda ira hacia tu amigo, esa parte enfadada podría ser un mecanismo de defensa para protegerte del miedo más profundo a ser abandonado. Prestar más atención a tu panorama emocional te ayudará a conocer las partes de tu sistema familiar interno.
(Nota breve: La autoconciencia es el reconocimiento de tu estado físico, mental y emocional, así como la capacidad de verte a ti mismo desde la perspectiva de otra persona. Además de observar tus emociones, existen otros métodos para aumentar tu autoconciencia. Por ejemplo, en Inteligencia emocional 2.0, Travis Bradberry y Jean Greaves recomiendan tácticas como abstenerse de juzgar, llevar un diario, identificar las causas fundamentales y aceptar la incomodidad.)
Aunque Schwartz destaca que todos los sistemas familiares internos son únicos para cada persona, nuestras partes tienden a agruparse en una de estas dos categorías: las partes vulnerables (denominadas «exiliados») y las partes protectoras.
Exiliados
Schwartz se refiere a nuestras partes vulnerables como «exiliados». Los exiliados son las versiones más jóvenes y vulnerables de quienes somos, a las que a veces se denomina nuestro «niño interior». A menudo son las partes que han sufrido directamente algún tipo de trauma y que luego asumieron el peso de esas emociones, quedando atrapadas en el pasado.
Aunque estos niños interiores suelen ser dulces, inocentes, juguetones y confiados, también son muy sensibles y propensos a sentirse heridos. Los «exiliados» son aquellas partes de nosotros mismos que tendemos a ocultar porque no queremos sentir su dolor o su vergüenza. Por ejemplo, imagina que te gritaron por llorar cuando eras pequeño. Esto podría crear una parte «exiliada» de ti que siente vergüenza cada vez que lloras delante de otras personas.
(Nota breve: Aunque el término «exilio» es exclusivo del IFS, el concepto del niño interior no lo es. Acuñado por primera vez por el psicólogo Carl Jung, este concepto se aplica a diferentes tipos de terapia, y muchos terapeutas defienden la importancia de conocer a nuestro propio «niño interior». Por ejemplo, el trabajo con el niño interior es un enfoque terapéutico basado en el trauma que se centra exclusivamente en explorar los sentimientos, las necesidades y las experiencias de una versión más joven y vulnerable de nosotros mismos: nuestro niño interior. El objetivo es ayudar a las personas a desarrollar una relación más compasiva y de aceptación consigo mismas y con sus experiencias pasadas. La terapia puede incluir una variedad de actividades, desde escribir un diario y la visualización hasta los juegos de rol o la terapia lúdica.)
Protectores
Por otra parte, nuestras partes protectoras son aquellas partes de nosotros mismos que asumen el papel de defender a nuestros «exiliados» de futuros sufrimientos. Siguiendo con el ejemplo anterior: si hubiera un «exiliado» que sintiera vergüenza por llorar en público, podría haber un «protector» que apareciera cuando el «exiliado» se sintiera especialmente triste y le dijera que «se aguantara». Schwartz destaca que, donde hay «exiliados», siempre hay «protectores».
(Nota breve: Otra forma útil de entender los «protectores» es considerarlos mecanismos de defensa internos. Los mecanismos de defensa son estrategias psicológicas, conscientes o inconscientes, que las personas utilizan para protegerse de pensamientos, sentimientos y recuerdos desagradables. Algunos ejemplos de mecanismos de defensa comunes son la negación, la represión, la proyección y la evasión.)
Schwartz distingue entre dos tipos de protectores. Los «gestores» son partes protectoras que actúan de forma preventiva para mantenernos a salvo, intentando controlar nuestro entorno —gestionando cuidadosamente con quién salimos, qué vestimos y cómo se nos percibe— para garantizar que no ocurra nada que pueda desencadenar los mismos sentimientos que experimentaron nuestros «exiliados». Los «gestores» suelen ser nuestras voces internas más críticas. Su función consiste en contener y proteger las partes más vulnerables de nuestro ser.
Los «bomberos» son mecanismos de defensa que actúan de forma reactiva cuando creen que estamos en peligro, normalmente cuando nos invade una avalancha de emociones. Los «bomberos» quieren alejarnos de lo que estamos sintiendo. Pueden llevarnos a sumergirnos en el trabajo, a ver una serie sin parar, a consumir sustancias para adormecer el dolor o, en casos extremos, a suicidarnos, en un intento por alejarnos de lo que estamos sintiendo. Su función consiste en reprimir las emociones intensas cuando estas brotan.
(Nota breve: Los roles del «gerente» y del «bombero» no son necesariamente perjudiciales. Por ejemplo, los gerentes positivos nos ayudan a asegurarnos de que comemos bien, dormimos lo suficiente y tomamos decisiones basadas en nuestros valores fundamentales. Los gerentes solo se vuelven perjudiciales cuando se vuelven demasiado controladores y empiezan a vigilar nuestros pensamientos, comportamientos o sentimientos. Del mismo modo, los bomberos nos ayudan a calmarnos, distraernos o adormecer nuestras emociones cuando nos sentimos abrumados. Por ejemplo, ante el aumento del número de fallecidos durante la pandemia de COVID-19, muchas personas evitaron ver demasiadas noticias y optaron por conectarse virtualmente con familiares y amigos).
Segunda parte: Sanar tu sistema familiar interno
Una vez que hayamos adquirido una mejor comprensión de nuestro sistema interno, el siguiente paso consiste en sanar nuestro sistema familiar interno sanando nuestras partes heridas, permitiéndoles salir de los roles en los que se han visto obligadas a encajar. En esta sección, analizaremos dos pasos clave para sanar nuestro sistema familiar interno: la separación y la liberación.
Desmezclado
Antes de poder ayudar a nuestras partes, debemos ser capaces de separarnos de ellas. En nuestra vida cotidiana, el Yo suele verse dominado por una o varias de nuestras partes, un fenómeno que Schwartz denomina «fusión». Cuando una parte y nuestro Yo están «fusionados», los sentimientos y la perspectiva de una parte agobiada se funden con el Yo. La compasión y la paciencia del Yo quedan eclipsadas por las necesidades, los deseos y las intenciones de la parte.
La fusión suele producirse sobre todo en momentos de intensa emoción. Por ejemplo, si un progenitor critica una decisión profesional reciente, una parte «exiliada» que busca la aprobación de los padres podría sentirse profundamente herida, lo que provocaría que una parte protectora interviniera en su defensa. Cuando el protector se fusiona con el Yo, puede gritar, criticar o mostrarse evasivo como mecanismo de protección.
(Nota breve: El análisis de Schwartz sobre la fusión se centra en las consecuencias negativas de fusionarnos con nuestras partes. Sin embargo, otros terapeutas de IFS aclaran que la fusión no es necesariamente buena ni mala. Por ejemplo, cuando necesitamos organizar una tarea compleja, tiene sentido fusionarnos con una parte que sea especialmente meticulosa. La clave está en asegurarnos de que la fusión sea intencionada y no reactiva.)
Podemos practicar la «desmezcla» prestando atención a cuándo encarnamos las cualidades del Ser y a cómo se siente encarnar el Ser. Según Schwartz, el Ser de todas las personas comparte el mismo conjunto de cualidades, como la apertura de corazón y la curiosidad. Schwartz explica que, cuando nos dejamos guiar por el Ser, a menudo experimentamos una sensación de amplitud y, quizás lo más notable, una ausencia de voces internas de ansiedad, dudas y miedo. Aunque nadie puede dejarse guiar por el Ser todo el tiempo, darnos cuenta de cuándo estamos encarnando el Ser y de cómo se siente estar guiados por él nos permitirá separarnos más fácilmente cuando necesitemos acceder al Ser.
Estrategias adicionales para la separación de colores
Si el simple hecho de darte cuenta de cuándo estás manifestando las cualidades del Yo no te funciona, el profesional certificado en IFS Michael Pasterski ofrece estrategias adicionales que pueden resultar útiles a la hora de intentar separarte de tus partes.
Pídele a esa parte que se aparte un momento.
Visualiza esa parte y, a continuación, imagínate alejándote físicamente de ella.
Dibuja la pieza en un papel para verla con mayor claridad.
Haz una breve meditación para acallar las voces internas que te causan conflicto.
Recomienda que, si sigues estando en un estado de fusión y una parte no está dispuesta a dejar que el Yo tome el control, intentes preguntarle a esa parte a qué le tiene miedo. Comprender ese miedo ayudará al Yo a empatizar con la parte y a tranquilizarla.
Desahogarse
Cuando ya no estamos fusionados con nuestras partes, podemos iniciar el proceso de ayudarles a liberarse, es decir, a desprenderse de la carga emocional que las mantiene atrapadas en su papel. Liberar a nuestras partes «exiliadas» es clave para sanar todo el sistema familiar interno.
Las partes no se liberarán por completo a menos que confíen en que el Yo las guíe. Sin embargo, una vez que el Yo es capaz de ayudar a las partes a sentirse lo suficientemente seguras como para liberar las emociones que han estado cargando, estas pueden abandonar los roles a los que se han visto obligadas y asumir roles más saludables dentro del sistema familiar interno. Por ejemplo, una parte que ha asumido el papel de protectora y que ya no necesita proteger a un exiliado podría, en su lugar, dedicar su energía a forjar nuevas conexiones sociales o a explorar vías de expresión creativa.
(Nota breve: Los terapeutas de IFS hacen hincapié en que el proceso de liberación debe ser espontáneo. No podemos obligar a las partes a liberarse, y seguir todos los pasos correctos no garantiza que una parte se libere automáticamente. Las partes solo se liberarán cuando estén preparadas.)
Antes de poder liberar a nuestras partes, debemos ser capaces de acceder a ellas y comunicarnos con ellas. Nuestros «exiliados», las partes más heridas de nuestro ser, suelen ser las más difíciles de alcanzar: están profundamente enterradas y protegidas por partes defensivas que se esfuerzan por evitar que salgan a la luz y vuelvan a sufrir. Por lo tanto, para poder acceder a nuestros «exiliados», primero debemos trabajar con nuestras partes protectoras.
(Nota breve: Hay tres razones principales por las que algunas partes de nosotros mismos acaban marginadas. En primer lugar, un cuidador o un compañero reaccionó de forma negativa cuando mostramos vulnerabilidad. Esto puede ser especialmente cierto en el caso de los niños pequeños. En segundo lugar, un cuidador o un compañero reaccionó de forma negativa cuando nos mostramos demasiado exuberantes o activos. Esto puede ser especialmente cierto en el caso de las niñas pequeñas. Y, en tercer lugar, nuestra reacción emocional ante el dolor fue criticada o avergonzada por los demás.)
Los protectores deben darnos permiso para acceder a nuestros exiliados. Lo más importante que hay que transmitir a los protectores es que el Yo es capaz de mantener a salvo el sistema familiar interno. Entonces, cuando el protector confíe lo suficiente en el Yo, dará un paso atrás para permitir que el Yo hable con un exiliado. Este proceso puede llevar mucho tiempo. Por ejemplo, si una parte no está dispuesta a permitir que el Yo acceda a un exiliado o incluso a hablar, un terapeuta de IFS podría animar al Yo a que simplemente se imagine sentado junto a la parte protectora, permitiendo que el Yo construya confianza a través de la proximidad.
Las 6 F: una estrategia para trabajar con los protectores
Aunque no se describe en *No Bad Parts*, el IFS esboza un proceso conocido como las «6 F», que ofrece una guía para trabajar con los protectores.
1) Busca: En lugar de intentar encontrar directamente una parte concreta, identifica una situación o un comportamiento que te resulte difícil en tu vida. Hablar de un reto puede ayudarte a veces a encontrar la parte relacionada con ese reto.
2) Concentración: Una vez identificada la parte afectada, concéntrate en las emociones y sensaciones físicas asociadas a ella.
3) Profundizar: Profundiza en el personaje escuchando su historia y conociendo mejor sus sentimientos y necesidades.
4) Sentimientos: Pregúntate qué sientes hacia esa parte. Si no sientes nada, esa parte sigue fusionada con el Ser. Si sientes irritación o frustración, es probable que el Ser esté fusionado con otra parte, ya que el Ser solo siente compasión por sus propias partes. Sin embargo, si te sientes abierto y curioso hacia esa parte, entonces estás actuando desde un estado de liderazgo del Ser.
5) Establecer una relación de amistad: Cuando tanto el Yo como la parte están presentes, el Yo puede entablar una relación de amistad con la parte y empezar a construir una relación auténtica y afectuosa basada en el respeto mutuo y la compasión, en lugar del miedo o el control.
6) Miedos: Descubre los miedos más profundos de la parte. Los miedos profundamente arraigados suelen mantener a las partes atrapadas en roles poco productivos. Comprender el miedo es el primer paso para liberarse de él.
Cuando nuestros protectores nos permiten acceder a nuestros exiliados, podemos empezar a generar confianza con ellos . Lo más importante que hay que transmitirles es que sientes compasión por su dolor y su trauma. A continuación , invítalos a salir del lugar de tristeza en el que se encuentran. Al invitar a los exiliados a salir del pasado, puedes pedirles que imaginen un lugar o un momento en el que se sientan seguros. A continuación, puedes invitarlos a soltar la emoción que han estado reteniendo, incluso visualizando cómo la lavan o la liberan en el aire.
(Nota breve: Según los terapeutas del IFS, no basta con escuchar la historia de un exilio. Para sanar un exilio, debemos integrar plenamente la experiencia del exilio en nuestra identidad, de modo que, en lugar de sentir vergüenza o incomodidad por los sentimientos o las experiencias de nuestro exilio, los valoremos y los entendamos como una parte fundamental de quienes somos.)
Las implicaciones del autoliderazgo
Según Schwartz, convertirse en una persona autónoma no solo tendrá efectos positivos en tu propia vida y en tus relaciones interpersonales, sino también en tu comunidad en general y en el mundo. En la siguiente sección, analizaremos los efectos en cadena que se derivan de que las personas se vuelvan más autónomas.
Schwartz explica que, a medida que «liberamos» nuestras partes y nos volvemos más autónomos, nos convertimos en una versión más compasiva de nosotros mismos, una que no está controlada por traumas, miedos e inseguridades del pasado. Esto a menudo da lugar a un cambio en los objetivos y las prioridades. Las personas que se guían por el yo están más arraigadas en su humanidad y más en sintonía con el hecho de formar parte de algo más grande que ellas mismas, por lo que sus objetivos tienden a centrarse más en la comunidad que en el avance personal. Por ejemplo, según Schwartz, las personas que se guían por el yo están más interesadas en retribuir a sus comunidades o en explorar actividades creativas.
(Nota breve: Aumentar la compasión a través del autoliderazgo tiene beneficios adicionales que Schwartz no menciona. Las personas más compasivas suelen ser más felices y declaran tener una mayor sensación de bienestar. Los estudios también demuestran que las personas compasivas son más resilientes, tienen una mayor autoestima y vínculos más profundos con amigos y familiares. Además, en The Compassionate Achiever, Christopher Kukk recurre a investigaciones en biología, neurociencia y economía para mostrar cómo la compasión puede conducir a un mayor éxito personal y profesional.)
El hecho de volvernos cada vez más autónomos también cambia la forma en que percibimos el mundo exterior e interactuamos con él. Schwartz sostiene que, cuando consideramos que nuestras partes internas son intrínsecamente defectuosas, egoístas y poco fiables, percibimos el mundo exterior a través del mismo prisma. Sin embargo, a medida que nos volvemos más autónomos, empezamos a ver a las personas, al igual que a nuestras partes, como inherentemente buenas, bienintencionadas y dignas de confianza, por lo que nos acercamos a ellas con compasión y curiosidad, y nos sentimos más conectados entre nosotros y con el mundo que nos rodea. Schwartz sostiene que este cambio mental tiene el poder de transformar el mundo: las relaciones geopolíticas, la estructura de las prisiones e incluso nuestras interacciones con los recursos naturales y el medio ambiente.
(Nota resumida: Schwartz sostiene que nuestra comprensión del mundo interior influye en nuestra percepción del mundo exterior. El psiquiatra Dan Siegel lleva esta idea un paso más allá y explica que, en realidad, mantenemos una distinción falsa entre nuestro mundo interior y el exterior. Explica que nuestra mente se forma en relación con el mundo que nos rodea. En resumen, nuestra mente no existe de forma aislada, sino a través de la conexión y la interacción con nuestro mundo. Al igual que Schwartz, Siegel sostiene que cambiar la forma en que conceptualizamos nuestro yo nos llevará a un mayor sentido de pertenencia al mundo.)
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