Resumen del PDF:Haz cosas difíciles, por Steve Magness
Resumen del libro: Aprenda los puntos clave en cuestión de minutos.
A continuación se muestra un avance del resumen del libro «Do Hard Things», de Steve Magness, elaborado por Shortform. Lee el resumen completo en Shortform.
Resumen de una página en PDF de «Do Hard Things»
Según Steve Magness, nuestra forma de concebir la fortaleza está totalmente equivocada. Tradicionalmente, definimos la fortaleza como una combinación de machismo, falta de emotividad y manifestaciones externas de dominio y control. Sin embargo, Magness sostiene que esta definición «a la antigua usanza» de la fortaleza es perjudicial y que la verdadera fortaleza se define por la capacidad de afrontar la realidad, reconocer los propios pensamientos, sentimientos y emociones, y emplear una variedad de estrategias para lidiar con la incomodidad o la adversidad. En Do Hard Things, Magness ofrece una forma nueva, más precisa y más eficaz de pensar sobre la fortaleza, que te ayudará a superar los retos y a tomar decisiones mejores y más meditadas.
En esta guía, analizaremos por qué las ideas tradicionales sobre la fortaleza no solo son ineficaces, sino también perjudiciales. A continuación, examinaremos las ideas de Magness sobre lo que realmente significa ser resiliente y ofreceremos estrategias para superar la incomodidad y la adversidad. A lo largo de la guía, compararemos las ideas y estrategias de Magness con las de otros expertos en autoayuda y psicología, con el fin de ayudarte a convertirte en una persona más reflexiva, versátil y, por lo tanto, más fuerte.
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Control y codependencia en el lugar de trabajo
Si tienes un jefe que es excesivamente controlador y te priva de tu autonomía, es posible que sea codependiente. Una persona codependiente es alguien que se obsesiona con otra y trata de controlar su comportamiento, y la codependencia en el lugar de trabajo puede ser perjudicial para todas las partes implicadas. Un jefe o gerente codependiente puede depender excesivamente de sus empleados para obtener validación y autoestima, y los empleados codependientes pueden buscar constantemente la aprobación de sus jefes. Ambos hábitos pueden dar lugar a entornos de trabajo estresantes e improductivos.
Algunos indicios de que tu jefe puede ser codependiente son: el microgestión, hablar mal de otros empleados contigo, atribuirse el mérito de tus ideas, sentir la necesidad de intervenir en todas las decisiones, la incapacidad para establecer o respetar límites y una necesidad constante de reconocimiento. Como empleado, este tipo de comportamientos por parte de un jefe pueden resultar estresantes e incluso provocar agotamiento. También pueden hacer que los empleados se sientan utilizados, lo que reduce su motivación. Para un jefe, la codependencia conduce a la indecisión y al miedo a criticar a los demás, lo que afecta a la productividad, ya que un jefe debe ser capaz de tomar decisiones y ofrecer críticas constructivas para que un lugar de trabajo funcione correctamente.
Si crees que tu jefe es codependiente, puede resultarte útil intentar comprender por qué lo es, ya que el comportamiento codependiente suele tener su origen en relaciones o experiencias pasadas. Si sabes por qué se comporta así, te resultará más fácil trabajar con él. Además, intenta establecer límites con él. Establecer límites con un jefe codependiente puede evitar que contribuyas a reforzar comportamientos poco saludables. Por último, anima a tu jefe a buscar ayuda de un profesional de la salud mental, ya que la codependencia es un problema grave que a menudo requiere terapia para abordarlo adecuadamente.
A continuación, te ofrecemos algunos consejos de Magness sobre cómo mantener el control de tu vida:
Empieza poco a poco: a menudo, la gente se siente abrumada ante la magnitud de un reto. Intenta recuperar la sensación de control dividiendo una tarea grande en partes más pequeñas y abordando primero la parte más fácil.
(Nota breve: En La ventaja de la felicidad, Shawn Achor afirma que las personas tienen dificultades para afrontar grandes retos porque sus emociones toman el control cuando empiezan a sentirse abrumadas, lo que reduce su capacidad para tomar decisiones racionales. Ofrece un proceso de cuatro pasos para ayudar a desglosar las tareas grandes: 1) Reconoce tus emociones, 2) identifica lo que puedes controlar, 3) elige una pequeña tarea de entre las cosas que puedes controlar, y 4) elige otra pequeña tarea y repite el proceso hasta completar el objetivo general.)
Déjate opciones: a veces, sin darnos cuenta, nos quedamos sin opciones, lo que limita nuestra propia autonomía en una situación. Por ejemplo, quizá te digas a ti mismo que debes terminar una tarea antes de que acabe la jornada laboral. Pero al hacerlo, te estresas porque no te has dado otra opción que quedarte hasta tarde y terminarla. En lugar de eso, date a ti mismo el siguiente mensaje: «Intentaré terminarla hoy, pero puedo levantarme temprano y terminarla mañana si es necesario». El simple hecho de ofrecerte esta opción aumenta las probabilidades de que completes la tarea.
(Nota breve: Charles Duhigg ofrece otra forma de utilizar las decisiones para mantener el control en Smarter Faster Better. Afirma que tomar una decisión subversiva —una que rompa una regla o sea un acto de rebelión de algún modo— puede ser especialmente poderosa porque te recuerda que no tienes por qué seguir siempre las reglas ni escuchar a los demás.)
Establece una rutina: Magness explica que establecer y seguir una rutina puede proporcionarte una pequeña sensación de control en tu vida cotidiana. Cuando sigues una rutina, como dar un paseo de 10 minutos a la misma hora durante la jornada laboral, esto puede desviar tu atención de las cosas que no puedes controlar hacia esa sencilla tarea que sí puedes controlar. Este pequeño cambio de enfoque puede ser suficiente para evitar que la situación se te vaya de las manos.
(Nota de «Indistractable»: En Indistractable, Nir Eyal ofrece dos consejos a tener en cuenta a la hora de crear una rutina o un horario diario. El primero es reflexionar constantemente sobre cómo está funcionando el horario y hacer pequeños ajustes basándote en esa reflexión. Es poco probable que tu horario ideal se ajuste perfectamente a la realidad de cómo trabajas, por lo que debes modificarlo en consecuencia. En segundo lugar, ten en cuenta que solo puedes controlar lo que aportas, no lo que obtienes a cambio. No te estreses si no obtienes exactamente los resultados que esperas de tu horario diario. Céntrate en mantener una rutina y en esforzarte. Si lo haces, con el tiempo, sucederán cosas buenas.)
Estrategia 2: Comprende tus emociones
Otra cualidad clave de una persona verdaderamente fuerte es la capacidad de comprender tus emociones. Magness sostiene que las emociones nos protegen; nos ayudan a desenvolvernos en el mundo. Si reprimes tus sentimientos y emociones, estás reprimiendo tu capacidad para desenvolverte en el mundo de manera eficaz. La fortaleza a la antigua usanza te dice que debes prestar atención a algunas emociones (como la alegría, el orgullo o la ira) e ignorar otras (como la tristeza o el miedo). Magness, sin embargo, sostiene que debes intentar comprender e interpretar todos tus sentimientos y emociones para poder tomar mejores decisiones.
Los sentimientos nos proporcionan información importante a la que debemos prestar atención, afirma Magness. En lugar de considerar las emociones como algo que se interpone en nuestro camino, tal y como podría aconsejar la visión tradicional de la fortaleza, deberíamos escucharlas e intentar comprender lo que nos están diciendo nuestros sentimientos y emociones. Cuando comprendes por qué te sientes de una determinada manera, puedes utilizar esa información para tomar mejores decisiones.
Comprender la masculinidad tóxica y la dureza a la antigua usanza
La idea de que la fortaleza implica reprimir ciertas emociones es un componente clave de la masculinidad tóxica, un conjunto de actitudes y creencias perjudiciales sobre cómo deben pensar y comportarse los hombres. Aunque Magness no se refiere directamente a este término recientemente popularizado, sí señala que la dureza y la masculinidad suelen confundirse, y muchas de sus ideas reflejan el discurso en torno a la masculinidad tóxica y lo perjudicial que resulta; por ejemplo, las ideas de que los hombres deben intentar parecer dominantes, controlar a los demás y reprimir sus emociones.
Los expertos sostienen que la masculinidad en sí misma no es tóxica, sino que lo son ciertas manifestaciones poco saludables de la misma, y que los estereotipos que refuerza la masculinidad tóxica son perjudiciales para los hombres, las mujeres y la sociedad en su conjunto. Por ejemplo, la sociedad espera que las mujeres sean cuidadoras amables y delicadas, y que los hombres sean protectores duros y poco emocionales. Pero los hombres, por supuesto, tienen emociones, y muchos sienten la necesidad de reprimirlas o de compensarlas en exceso para cumplir con estos estándares poco realistas. Con el tiempo, esto puede hacer que se desquiten, lo que conduce a la violencia y a comportamientos prejuiciosos.
En la mayoría de los casos, eres perfectamente capaz de evaluar con precisión tus sentimientos y las decisiones que debes tomar basándote en ellos: si te repugna el olor de un determinado alimento, no lo comes, confiando en que tus sentimientos te indican que ese alimento no es seguro. Pero en momentos de estrés o adversidad, tiendes a malinterpretar tus emociones con mayor frecuencia, lo que puede llevarte a tomar malas decisiones. Por ejemplo, cuando tienes un día estresante en el trabajo, es posible que estés más irritable al llegar a casa y te enfades de forma irracional con tus seres queridos.
Para comprender mejor tus emociones, Magness recomienda que las identifiques. Identificar o poner nombre a tus emociones resulta útil porque te ayuda a interpretarlas. Cuando ponemos nombre a una emoción, centramos nuestra atención en ella, lo que nos permite examinarla más de cerca. Esto puede ayudarte a evitar actuar impulsivamente por la emoción, ya que, al examinarla, puedes comprender mejor por qué actúas de cierta manera. Por ejemplo, si hubieras puesto nombre a tu irritabilidad tras un largo día de trabajo, quizá hubieras podido crear una distancia entre la irritabilidad y la ira que le siguió, y habrías evitado enfadarte con tu pareja.
Cómo identificar y expresar tus emociones
En Atlas del corazón, Brené Brown ofrece una visión en profundidad de las muchas y diversas emociones que experimentan los seres humanos —y que, según Magness, deberías nombrar. Ella sostiene que comprender tus emociones no solo te ayudará a tomar mejores decisiones en momentos de estrés, sino también a establecer vínculos más profundos. Brown divide las emociones en tres categorías principales:
Emociones centradas en uno mismo: estas emociones, entre las que se incluyen la tristeza y la vergüenza, nos ayudan a comprender nuestros estados mentales internos. La tristeza es una emoción dolorosa que nos ayuda a afrontar y aceptar una pérdida personal en nuestras vidas. La mayoría de las personas están muy familiarizadas con la pérdida y el sentimiento de tristeza. Otra emoción centrada en uno mismo muy común, la vergüenza, es la sensación de ser una persona imperfecta, insuficiente o mala. Brown sostiene que es importante reconocer la vergüenza, ya que ignorarla solo la hace más fuerte.
Emociones centradas en el exterior: en lugar de informarnos sobre nosotros mismos, estas emociones nos ayudan a comprender nuestra respuesta al entorno. La ansiedad, por ejemplo, es una preocupación por el futuro y por nuestra capacidad para afrontarlo. Cuando no estamos seguros de lo que va a pasar y tememos que pueda ser algo malo, nos sentimos ansiosos. Otra emoción centrada en el exterior es el aburrimiento, que Brown define como el deseo de hacer algo significativo pero no poder hacerlo. El aburrimiento se produce cuando te sientes poco estimulado e insatisfecho con la forma en que estás empleando tu tiempo.
Emociones centradas en las relaciones: estas emociones nos ayudan a conectar con los demás o a distanciarnos de ellos. Cuando sentimos ira, por ejemplo, nos molesta que alguien o algo haya frustrado nuestros deseos o alterado el orden establecido de las cosas. La ira nos impulsa a descargar nuestra ira y, a veces, a hacer daño a la persona que ha provocado esa emoción negativa. La compasión, por el contrario, es una emoción positiva en la que sentimos empatía por otra persona e intentamos aliviar su sufrimiento.
Estrategia 3: Escucha tus voces interiores
Otro aspecto clave de la fortaleza, según Magness, es aprender a interpretar y gestionar los conflictos internos. A la hora de tomar una decisión, todos tenemos varias «voces» en nuestra cabeza que nos empujan hacia un determinado comportamiento. En las decisiones cotidianas normales, como decidir qué ponernos para ir al trabajo, estas voces son tranquilas y serenas, y nos ayudan a tomar una decisión relativamente fácil y sin mayor importancia. Sin embargo, en situaciones difíciles, aquellas que requieren fortaleza, puede haber varias voces compitiendo ruidosamente entre sí, empujándote hacia comportamientos diferentes. Manejar estas voces fuertes y tomar una decisión basándose en ellas es mucho más difícil.
La fortaleza a la antigua usanza te enseña a ignorar sin más las voces que no concuerdan con tus objetivos, como aquella que te dice que te rindas. Magness escribe que , en lugar de ignorar esas voces, deberíamos tomarlas en cuenta y responder a ellas, ya que cuando reconocemos conscientemente nuestras dudas, miedos u otras emociones, podemos tomar mejores decisiones.
(Nota breve: Aunque Magness sostiene que debemos escuchar nuestra voz interior para tomar las mejores decisiones, hay quienes, como Malcolm Gladwell en Blink, sostienen que esta no siempre es la mejor vía. Gladwell afirma que, a veces, la mejor forma de tomar una decisión es seguir la intuición o, como él mismo dice, confiar en los «juicios instantáneos». Los juicios instantáneos, o decisiones inconscientes, pueden ser beneficiosos porque son rápidos y no requieren demasiada información. A veces, nos vemos abrumados por el exceso de información —proporcionada por las voces en nuestra cabeza— y nos cuesta interpretarla correctamente. Puede ser mejor dejar que tu mente inconsciente haga el trabajo y tome una decisión rápida.)
Según una corriente de pensamiento, desarrollamos las voces internas como una forma de lidiar con el estrés. Nos sirven para hacer más tangibles nuestros sentimientos abstractos. Cuando abordamos nuestros sentimientos a través de nuestras voces internas, podemos pensar en ellos de forma más concreta, lo que nos ayuda a traducir esos sentimientos en las acciones o inacciones adecuadas. En otras palabras, mientras que nuestros sentimientos nos ayudan a movernos por el mundo, nuestras voces internas y nuestros pensamientos nos ayudan a gestionar nuestros sentimientos. La clave de la fortaleza es aprender a utilizar nuestras voces internas en nuestro beneficio y no dejar que las voces negativas se impongan y nos lleven a tomar malas decisiones.
(Nota breve: Los psicólogos coinciden en que nuestros pensamientos conscientes (voces internas) nos ayudan a regular nuestras emociones y a tomar decisiones más racionales y menos impulsivas. Sin embargo, aunque el lenguaje es una parte fundamental de lo que significa ser humano, también tiene sus desventajas en lo que respecta a la regulación emocional. Al igual que el lenguaje puede distorsionarse y utilizarse para engañar o confundir a los demás, nuestras voces internas pueden distorsionar nuestros sentimientos y llevarnos a actuar de forma inapropiada o mal informada. Por ejemplo, ante una noticia perturbadora, es posible que sientas una fuerte mezcla de emociones, como ira, culpa y tristeza. Pero, como no hay una sola palabra que describa cómo te sientes, simplemente lo etiquetas como ira y actúas con ira.)
Según Magness, hay tres estrategias que podemos utilizar para sacar más partido a nuestras voces interiores:
Expresa tus pensamientos en voz alta: poner tus pensamientos en palabras puede ayudarte a centrarte en aquello en lo que quieres concentrarte. Al expresar un pensamiento en voz alta, le das más fuerza. Además, dado que nuestro diálogo interior suele ser enrevesado, expresar tus pensamientos en voz alta puede simplificarlos y hacer que sean más fáciles de poner en práctica.
(Nota de Shortform: Las investigaciones han confirmado que hablar consigo mismo puede aportar varios beneficios. Además de los que menciona Magness, el diálogo interno positivo puede tranquilizarte, mejorar tu autoestima y reducir los síntomas de ansiedad y depresión. El diálogo interno negativo —cuando tu diálogo interno es demasiado crítico o pesimista— puede tener el efecto contrario. Puede hacer que le des vueltas a pensamientos negativos, dañando así tu autoimagen, tu confianza e incluso tu capacidad para lidiar con el dolor.)
No te muestres demasiado optimista: a menudo, la gente intenta animarse a sí misma con un diálogo interno positivo. Sin embargo, según los estudios, esto solo funciona si realmente crees en lo que te estás diciendo a ti mismo. Si piensas: «Puedo hacerlo», no vas a engañarte a ti mismo para creerlo. Incluso cuando te hablas a ti mismo, debes ser realista.
(Nota breve: Los psicólogos ofrecen más información sobre por qué ser excesivamente positivo no funciona, y afirman que el cerebro se resiste a los grandes saltos en el pensamiento. Si piensas para tus adentros «Soy feliz» cuando te sientes realmente triste, tu cerebro se resistirá a ese pensamiento, lo que podría amplificar el sentimiento contrario en lugar del que intentas manifestar. Podrías pensar: «Sé que no soy feliz. Estoy triste y nada de lo que me diga a mí mismo cambiará eso».
Piensa en segunda o tercera persona: Magness señala que, cuando mantenemos un diálogo interno, solemos pensar en primera persona: «Lo tengo controlado» o «Soy capaz». Pero las investigaciones demuestran que el simple hecho de pensar «Lo tienes controlado» o «(tu nombre) es capaz» puede mejorar tu rendimiento. Esto se debe a que pensar en segunda o tercera persona crea una distancia entre tú y la situación, lo que te ayuda a considerarla de forma más objetiva y a tomar mejores decisiones.
(Nota de Shortform: Pensar en tercera persona para obtener una perspectiva más objetiva es un método terapéutico respaldado por la investigación. Las investigaciones demuestran que no solo te ayuda a ver las cosas con mayor objetividad, sino que también te ayuda a verte a ti mismo con más amabilidad y compasión. Por ejemplo, un estudio descubrió que cuando los participantes recordaban recuerdos negativos en tercera persona (por ejemplo,«Lo pasó mal en el instituto»), mostraban menos dolor emocional y rumiaban sobre el recuerdo durante menos tiempo.)
Estrategia 4: Acercar o alejar la imagen
Magness afirma que la verdadera fortaleza consiste en aprender a lidiar con el dolor o el malestar, ya sea mental, físico o emocional. Esto implica ser flexible: ampliar o reducir el enfoque en función de la situación. Magness sostiene que las personas más fuertes —aquellas que logran prosperar ante la adversidad— saben cuándo alternar entre un estado mental amplio y uno más específico. Por otro lado, la única estrategia de la fortaleza a la antigua usanza consiste en luchar contra el dolor y seguir adelante. Este enfoque centra la atención únicamente en la tarea específica en la que se está trabajando en ese momento.
Lo que un guerrero samurái dice sobre la fortaleza
En El libro de los cinco anillos, el guerrero samurái del siglo XVI Miyamoto Musashi ofrece consejos sobre el combate individual que se hacen eco de los consejos de Magness sobre cómo afrontar los retos de la vida. Musashi sostiene que mantener la conciencia y la adaptabilidad es clave para el éxito en el combate. Por ejemplo, afirma que conocer el entorno (el terreno, la posición del enemigo, el clima) es crucial para mantener el control en una situación. Del mismo modo, Magness sostiene que comprender el entorno interno y externo (la realidad, las emociones y los pensamientos) es necesario para superar la adversidad.
Musashi también sostiene que hay que adaptar la estrategia en función de las circunstancias. Esto se asemeja al argumento de Magness de que la «dureza» a la antigua usanza no funciona porque su única estrategia consiste en seguir luchando a pesar del dolor, sin explorar otras opciones. Al igual que un guerrero samurái necesita cambiar de enfoque y de estrategia para triunfar en el combate, una persona verdaderamente fuerte debe reconocer cuándo algo no funciona y reorientar su enfoque en consecuencia para superar la adversidad.
A veces, señala Magness, reducir el enfoque es la mejor estrategia. En momentos de estrés, esto resulta ventajoso porque te permite concentrarte intensamente en la tarea que debes realizar. Pero, como ya hemos comentado, la mayoría de las personas solo pueden hacerlo durante un tiempo limitado antes de que sus pensamientos negativos se intensifiquen y acaben rindiéndose, entrando en pánico o tomando decisiones erróneas. Cuando reducir el enfoque es tu única estrategia, esto limita tus opciones: si tu intento no funciona a la primera, tu única opción es volver a intentarlo. Necesitas ser capaz de probar algo diferente en lugar de insistir en lo mismo y malgastar tus esfuerzos.
(Nota breve: En Smarter Faster Better, Charles Duhigg acuña un término para este tipo de concentración excesiva: el «túnel cognitivo». Define el túnel cognitivo como un proceso en el que el cerebro se obsesiona con un estímulo a expensas de todo lo demás. Magness sostiene que reducir el enfoque durante demasiado tiempo puede llevarte a rendirte. Duhigg, por su parte, afirma que el principal inconveniente del túnel cognitivo se produce cuando el objeto principal de tu atención no es el adecuado. En otras palabras, cuando nos hiperconcentramos en una tarea o estímulo, a menudo no es en lo que deberíamos estar centrándonos.)
Cuando centrarte en un solo aspecto no funciona, cuando sientes que estás a punto de rendirte o de entrar en pánico, debes ser capaz de tomar distancia y adoptar una nueva perspectiva. Este enfoque te permite asimilar más información, ser más creativo y evitar los inconvenientes de limitar tu atención. Por ejemplo, si te estás volviendo loco por una presentación que tienes que hacer, quizá sea mejor tomar distancia y pensar en lo poco importante que es esa presentación en el gran esquema de las cosas, en lugar de obsesionarte con la presentación o con tu ansiedad. La clave, sin embargo, según Magness, es aprender cuándo ampliar y cuándo reducir el enfoque, y ser capaz de cambiar tu enfoque y tu atención a voluntad.
(Nota breve: Otra forma en la que tomar distancia puede resultar útil es para evitar la ilusión de la atención, tal y como la describe Rolf Dobelli en El arte de pensar con claridad. La ilusión de la atención es la tendencia humana a centrarse únicamente en los detalles que uno considera importantes. Al concentrarse, el cerebro ignora de forma natural la información que considera innecesaria o irrelevante. Aunque esto puede ayudarte a ignorar las distracciones, también puede hacer que te pierdas información importante. Al tomar distancia de vez en cuando, puedes evitar perderte información importante que tu cerebro ha decidido ignorar.)
Imaginemos que eres conductor de ambulancia y tratas de llevar a un paciente al hospital lo más rápido posible. Cuando todo va según lo previsto, puedes centrarte en recorrer la ruta elegida de la forma más rápida y segura posible. Pero si te encuentras con un atasco inesperado, tienes que ampliar la perspectiva, fijarte en lo que te rodea y trazar un nuevo plan. Quizás te des cuenta de que puedes atravesar un aparcamiento, retroceder unos cientos de metros y tomar una calle lateral que te llevará a tu destino más rápido.
Para mejorar tu capacidad de concentración, Magness sugiere los siguientes ejercicios:
Limita y amplía tus ideas: piensa en un problema hipotético; por ejemplo, imagina que hay demasiado tráfico de vehículos en tu barrio y quieres mejorar esta situación. Ahora, piensa en la solución más obvia a este problema y elabora un plan detallado sobre cómo la pondrías en práctica. A continuación, amplía la perspectiva y, en lugar de elaborar un único plan detallado, piensa en tantas soluciones al problema como se te ocurran, por muy ridículas o poco prácticas que parezcan. Este ejercicio tiene como objetivo mejorar tu capacidad para resolver problemas de diferentes maneras: primero, acotando tu atención y mejorando la concentración; después, ampliándola y mejorando la creatividad.
(Nota breve: En Learning How to Learn, Barbara Oakley y Terrence Sejnowski identifican dos modos de pensamiento que se corresponden con el pensamiento estrecho y amplio de Magness. Los denominan «pensamiento enfocado» y «pensamiento difuso». En el modo de pensamiento enfocado, la actividad cerebral se concentra en una red neuronal específica, lo que permite captar pequeños detalles. En el modo de pensamiento difuso, la actividad cerebral se dispersa, lo que puede ayudarte a ver las cosas de otra manera. Los autores sostienen que alternar entre estos dos modos de pensamiento puede mejorar la resolución de problemas: primero identificando el problema con el pensamiento enfocado y, a continuación, ideando una solución con el pensamiento difuso.)
Acerca y aleja la vista: este ejercicio tiene como objetivo ayudarte a alternar entre una perspectiva limitada y una amplia mediante señales visuales. Dirige tu atención hacia un único objeto. Acerca la vista a ese objeto, fijándote en tantos detalles como puedas. A continuación, aleja la vista, desenfocando la mirada hasta que todo se vea borroso. Intenta no centrarte en los detalles de ningún objeto concreto, sino fijarte en todo lo que te rodea. También puedes utilizar este ejercicio en momentos de estrés: si sientes que una situación te abruma, intenta alejar la imagen y ampliar tu visión para evitar que tus pensamientos negativos se intensifiquen.
(Nota breve: Los psicólogos confirman que el lugar en el que centras tu atención visual influye en tus estados mentales y emocionales. El psicólogo Rick Hanson sostiene que el cerebro tiene dos formas principales de procesar la información: el modo alocéntrico y el modo egocéntrico. El modo egocéntrico te permite ver las cosas de forma subjetiva, de cerca y como partes dispares. El modo alocéntrico ofrece una visión más objetiva, permitiéndote ver las cosas como conectadas y como parte de un panorama más amplio. Hanson afirma que el simple hecho de enfocar la vista en el horizonte puede activar el procesamiento alocéntrico en el cerebro.)
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